El hígado es el órgano de mayor tamaño dentro del cuerpo. Ayuda al organismo a digerir los alimentos, almacena energía y elimina toxinas. Fallas en su capacidad para mantener limpia la sangre puede provocar encefalopatía, una patología que se caracteriza por edemas cerebrales, cambios en la personalidad, pérdida de las funciones cognitivas y otras complicaciones. En los casos más avanzados se requiere del uso de ciertas técnicas de depuración extrahepáticas o incluso del trasplante.

Un prototipo de hígado bioartificial, del tamaño de una caja de tarjetas personales, podría sentar las bases para mejorar en el futuro la calidad de vida de miles de pacientes con daños hepáticos irreversibles. “Aunque faltan varias etapas intermedias para llevar nuestro dispositivo al ámbito médico, hemos comprobado en ensayos in vitro que funciona muy bien”, indicó a la Agencia CyTA-Leloir la directora del estudio, la doctora María Gabriela Mediavilla, investigadora del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), dependiente del CONICET y de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

El prototipo es de base plana y forma de prisma rectangular, conformado por “microórganos” de células hepáticas (hepatocitos).

Una de las funciones normales del hígado es depurar de la sangre cierto compuesto tóxico derivado de la degradación de las proteínas, el amonio, al que transforma en urea que luego se expulsa con la orina. En el nuevo estudio, los científicos expusieron su dispositivo a concentraciones elevadas de amonio en muestras de sangre de carnero, y comprobaron que pudo eliminar una alta proporción en el curso de las dos horas de pruebas.

Si bien los resultados son alentadores, Mediavilla aclaró que aún es preciso evaluar si el nuevo hígado bioartificial puede cumplir otras funciones del órgano, como la detoxificación de otros compuestos y la producción de albúmina y de los factores de coagulación.

Por otra parte, para transferir la innovación tecnológica al ámbito médico es necesario cumplir con varias etapas: estudios preclínicos en animales con una falla hepática experimental, pruebas experimentales en un paciente humano y ensayos clínicos a mayor escala. “Estamos avanzando, paso a paso, en esa dirección”, indicó Mediavilla.