Por Leandro Vesco

Una escuela que se cierra ya nunca más se abre, esa es la verdad rural que acompaña a los parajes que están en vías de desaparición. Aisladas y llenas de esperanzas a la vez, las escuelas rurales son el eje de los pueblos del interior profundo. 

El progreso agropecuario, el monocultivo sojero, el cierre de los ramales ferroviarios y el mal estado de los caminos rurales han ayudado al éxodo que han tenido que sufrir muchos pueblos de la provincia de Buenos Aires. A pesar de que en algunos lugares es posible ver la recuperación de las pequeñas localidades, como lo venimos mostrando en nuestra sección Mi Pueblo, algunos parajes no pueden frener el injusto paso del “progreso” 

El cierre de un segundo establecimiento educativo primario rural en menos los últimos 10 meses dejó en evidencia una realidad progresiva en los campos de Balcarce, donde, al parecer, cada vez son menos los niños que concurren a las escuelas de los parajes. Empujados por la desición de sus padres, de trasladarse a las ciudades cabeceras y también por la falta de acompañamiento, tanto del estado nacional como provincial, muchas escuelas se quedan sin alumnos.

En este marco, las autoridades educativas del distrito confirmaron recientemente que deberá cerrar sus puertas la Escuela Nº 43 Bartolomé Mitre, ubicada en el paraje El Vigilante, a 68 kilómetros de la cabecera del partido y a 38 kilómetros de la Autovía 226, donde funcionaba desde 1969, configurando uno de los más graves problemas, lejos de rutas, los caminos reales sufren el desmanejo que se le da a la tierra, los canales clandestinos que favorecen la llegada de agua para hacer más productivos los campos, saturan la absorción de la tierra, inundándolos.

Según dio a conocer un medio de Balcarce, luego de que el año pasado egresara la última alumna, el establecimiento determinó llevar adelante el cierre “por falta de matrícula”. Se trata de un medida que se aplicará en forma transitoria por los próximos dos años. 

Para adoptar esta decisión, se efectuó un relevamiento en la zona a los efectos de conocer si había familias que querían enviar a sus hijos a la escuela primaria y no se detectó a ningún interesado. El campo y su soledad, el éxodo muestra allí su peor faceta.

En la institución, desde 2010 venía desempeñándose como directora, con grado a cargo, Alejandra de la Piedra. Asistían periódicamente además el profesor de Educación Física Juan Benítez; la profesora de plástica, Liliana Giuliano, y el profesor de inglés Roberto Romero.

En tanto, una situación similar se vivió en mayo del año pasado, cuando por los mismos motivos, la Escuela Primaria Nº 53, ubicada en cercanías a Ramos Otero, también dejó de impartir clases. 

La situación refleja una dura realidad, como está pasando en Krabbe o en El Pensamiento, parajes en el Partido de Coronel Pringles, donde la ONG Proyecto Pulperia ha trabajado para que estas escuelas hoy continuen abiertas. Sin embargo, el panorama es complicado. Las escuelas rurales, lejos de cerrar, deben tener el mayor apoyo de parte de las autoridades educativas. Su presencia en el campo es de capital importancia.