La ciudad bonaerence de Olavarría, cuna de reconocidos plateros, tuvo a Dámaso Arce como máximo exponente de la ofebrería. Con el correr del tiempo, ocurre que los maestros van dejando la posta a sus aprendíces, y así fue que Armando Ferreira, profesor, fundador y director de la Escuela Municipal de Orfebrería y Artesanías Tradicionales de Olavarría, se convirtiera, junto con Juan Carlos Pallarols y Avelino Bravo, en uno de los plateros más importantes de la Argentina.
   Armando (70) es un hombre sonriente que sabe reponerse de los malos momentos. Por un importante robo de obras invaluables que padeció en su propio taller, sufrió un duro golpe emocional que paralizó su cincel durante un año, pero de a poco comenzó a trabajar en su taller y fue recuperando las ganas de cincelar, lo que más lo motiva en el arte de la orfebrería. El golpe, sin embargo, le hizo renacer las ganas de volver a pintar, una pasión en la cual Ferreira también se destaca y fue el puntapié inicial para volver a su gran pasión: la orfebrería.

SUS INICIOS: Armando aprendió el oficio a los 11 años cuando Mario Llera, gran cincelador en piezas pequeñas, y sobrino de Dámaso Arce, se maravilló con los dibujos que hacía Ferreira sentado en la vereda de su casa. Lo invitó a conocer todos los secretos del orfebre. “Entré como aprendíz en la reconocida platería Amoroso y Llera. En un primer momento comencé de grabador, y luego a trabajar el cincelado. Mi gran maestro fue Mario Llera, de quien aprendí el cincelado y la decoración, y copiaba de él sus impactantes trabajos en mi cuaderno. Su hermano Roberto me enseñó el armado. Fui aprendiendo ambas técnicas”, dice Armando, apelando a su memoria incansable.  “También tuve un excelente profesor de dibujo y escultura como José Herrero Sánchez. Me costó mucho decidirme entre la orfebrería y el dibujo, la elección se fue dando naturalmente. Olavarría es una ciudad muy tradicional en cuanto a la platería, y creo que eso me fue empujando para el lado de la orfebrería”. La elección por este arte, le brindó una gran cantidad de amigos que cada dos años se reúnen en el reconocido Museo Arce de Olavarría, en el que participan los más renombrados plateros del país.

   Armando no aparenta ser un hombre cansado de tanto viajar, que lo hace, y muy seguido para participar en las exposiciones de artesanías, aunque su currículum esté repleto de premios que ganó en los distintos cursos y muestras a nivel nacional e internacional. Los laureles más importantes son la Rueca de Oro y la Rueca de Plata de unos 80 gramos, que representan el máximo galardón para los artesanos que participan en la Fiesta Nacional de la Artesanía que se realiza todos los años en Colón, Entre Ríos. “Eran muy especiales para mí, las adoraba, y me las robaron”, dice Armando aguantando las lágrimas.
   Ferreira armó su taller en un cómodo galpón ubicado en el fondo de su casa. Herramientas de todo tipo inundan el lugar, y la música folclórica de fondo le da la inspiración necesaria para trabajar y concentrarse en cada martillazo. Los diplomas colgados en la pared con fotos de hermosas piezas, dan cuenta de sus trabajos. Personalidades como el Rey Juan Carlos de España, el Premio Nobel Dr Milstein, y el ex presidente Raúl Alfonsín, entre otros, supieron tener sus maravillosas obras. Su primera pieza fue una puntera de una daga que su abuelo le había pedido que arreglara. “Después de repararla, mi abuelo me contó que su padre también había sido platero. Fue muy emocionante cuando me enteré. Este hecho marcó fuertemente mi amor por el trabajo que hago”, dice Armando, que no oculta su felicidad por poder compartir unos mates, charlas, y también trabajos en platería, con su hijo Pablo, quien vive en Buenos Aires, donde combina su trabajo de orfebre con la escultura y la pintura en su taller de La Boca. “Nací en este taller y papá me trasladó todos sus conocimientos en platería, y gracias a eso, yo también tengo mis clientes en Buenos Aires. Además, tuve la suerte de participar en los Torneos Juveniles Bonaerense y ganarlo tres veces”, comenta Pablo, mientras que continúa cincelando ante la atenta mirada de su gran maestro, su padre.