Sitios arqueológicos que abarcan la historia y cultura ancestral de América, la Ruta del Vino donde está la única bodega administrada por un pueblo comunitario: los Amaicha y todo el paisaje de los Valles Calchaquíes.

Desde Ampimpa, El Pichao, Amaicha del Valle, El Bañado, Talapazo, y Colalao del Valle o a los propios Quilmes que mantienen hoy su asentamiento, el viajero se interna en la cultura viva de la América pre hispánica.

No son pueblos con el diseño español de la plaza central y los edificios públicos, sino que las casas se mantienen con sus tierras y una amplia superficie a los que se llega desde San Miguel de Tucumán serpenteando la Ruta Provincial 37 que trepa y se hace selva en la montaña hasta alcanzar esas localidades con encanto de los Valles Calchaquíes.

Aquí, la gastronomía, la elaboración de quesos tafinistos y las actividades rurales y de turismo activo son imperdibles, como las cabalgatas, que pueden ser de dos horas y media hasta cinco días, y que permiten acceder por las cumbres calchaquíes hasta San José de Chasquivil, donde se descansa dos jornadas en las Queñuas, una estancia de dos siglos, ubicada entre los cerros.

Muchos se acercan hasta la vecina localidad El Mollar, a tan sólo 15 kilómetros, porque allí está el “Museo Arqueológico a cielo abierto Los Menhires”. Son medio centenar de piedras talladas de hasta tres metros de altura que pueden pesar unas cuatro toneladas, muchos le llaman menhires y otros, los denominan monolitos, que se calcula que datan de entre los años 820 A.C y el 780 D.C.

Otro recorrido imperdible son los 50 kilómetros que separan Tafí del Valle con Amaicha del Valle por la Ruta 307, hasta llegar a El abra del infiernillo (3.042msnm) y descender por la cuesta de Los Cardones, donde cientos de cactus gigantes que parecen bajar del cerro en procesión, se erigen como centinelas a la orilla del camino hasta llegar al pueblo.

Amaicha es uno de los lugares mágicos, que lleva hasta la traza de la Ruta 40 en Tucumán, con antiguas casas con dinteles de madera de cardón sobre las puertas, y donde se prometen 365 días de sol.

Fueron y son los valles calchaquíes un territorio generoso, alimentado por los minerales de las areniscas, arroyos, vertientes y ríos que convierten a esta región en un sitio de producciones de excelencia.

Un microclima equilibrado y un suelo purísimo hicieron que, los pimientos, los frutales, los pequeños ganados, sean el sustento y alimento de las gentes de estos lugares. Pero, sobre todo, la uva tucumana para vitivinificación, es hoy parte de la vanguardia productiva y un atractivo turístico imperdible con la Ruta del Vino tucumano.

En Amaicha del Valle existe la única Bodega Comunitaria de Sudamérica administrada por su pueblo originario, que está diseñada emulando las unidades habitacionales propias del período prehispánico.

Las guerras calchaquíes y los habitantes diaguitas de este suelo se perciben en cada piedra de la Ciudad Sagrada de los Quilmes y es adonde todos quieren llegar cuando emprenden una recorrida por la mítica Ruta 40. Se trata de uno de los sitios arqueológicos más importantes del Norte argentino, que atrae visitantes de todo el mundo y convierten a la travesía en una experiencia que une pueblos, culturas e historias.

Los ceramistas, los textiles, las travesías en 4×4, cabalgatas, senderismo y los distintos recorridos llegan literalmente hasta el cielo, porque muy cerquita, a tan solo 24 kilómetros de la Ruta Nacional 40 tucumana, está Ampimpa con su observatorio astronómico, uno de los mejores para su observación en este 2021.

El Pichao, Talapazo y Colalao del Valle son parte del universo rutero en estos valles calchaquíes tucumanos donde el turismo rural, el turismo rural comunitario; ruta del vino, los productores de nueces, dulces artesanales y cada comunidad abre sus puertas para ofrecer momentos únicos plenos de cultura, historia y naturaleza.

Fuente: Télam