Cuando nuestro país no era ni siquiera una ilusión, Córdoba ya existía. Denominada “La Docta”, por el origen temprano de su renombrada Universidad, la ciudad que hoy alberga a un millón y medio de habitantes fue fundada hace 444 años por el andaluz Jerónimo de Cabrera y Toledo, quien en homenaje a la tierra natal de su familia la llamó “La Nueva Andalucía”, ya desde entonces el poblado tuvo sueños de grandeza. Siempre fue una ciudad importante.

En el centro mediterráneo de nuestro país, La Nueva Andalucía se fundó para dominar la región. Sus habitantes tuvieron siempre inclinación por la cultura, y con un sello propio, la identidad cordobesa es una marca distintiva que la hace sobresalir en el país. Su universidad es sin dudas uno de los centros educativos y sociales más trascendentes. Fundada en 1613, es la cuarta más antigua de América y la primera de nuestro país, así como ayer, a Córdoba llegan estudiantes de todas las provincias y de diferentes países del mundo. Hoy cuenta con alrededor de 100.000 alumnos.

En 1918 desde la Universidad partió la Reforma Universitaria que cambió para siempre la realidad educativa en estas casas de altos estudios, el movimiento se extendió en todo el continente. La ciudad tiene prosapia suficiente para ser capital nacional, y así lo fue en dos ocasiones, durante las invasiones inglesas y en la Revolución Libertadora. Por su condición y porque por sus calles han pasado personajes notables, la ciudad tiene puntos culturales e históricos que se distinguen, como la Cañada, el Arco de Córdoba y la Avenida Amadeo Sabattini. En el año 2000 la UNESCO declaró a su Manzana Jesuítica, Patrimonio de la Humanidad, en el año 2006 fue declarada Capital Américana de la Cultura.

La historia de su fundador es digna de una novela de aventuras y enredos, no podría ser menos para ser el creador de esta ciudad que es un faro de cultura, civilidad y de movimientos emancipadores. Jerónimo de Cabrera y Toledo Nació en Sevilla en 1520, y fue fundador también de Ica (Perú). En el año 1574 fue ejecutado por orden del gobernador de Tucumán por haber tenido la valentía de fundar precisamente su Nueva Andalucía. La historia cuenta que en 1571 el Virrey del Perú le ordenó fundar un poblado que pudiera ser a la vez una fortaleza para poder resistir la presencia de los pueblos originarios.

Jerónimo de Cabrera y Toledo halló a los comechingones parecidos a los andaluces y por esto y en homenaje a su patria, la llamó la Nueva Andalucía. El nombre de Córdoba es también un reconocimiento a la ciudad española homónima, cuna de su esposa, Catalina Dorantes de Trejo, muerta junto con sus dos hijos en un naufragio en 1555. Buscando el lugar ideal para fundar esa ciudadela fortificada, llegó el 24 de Junio de 1573 a la zona donde hoy se asienta la ciudad, pero continuó su viaje más al sur, hasta llegar a la Ciudad de Buenos Aires, y quiso fundar allí su pueblo, pero los pueblos originarios le frenaron la marcha. Fue entonces que decidió regresar a aquel lugar más al norte, fundando lo que hoy es Córdoba un 6 de Julio de 1573.

Desde este año y hasta nuestros días, Córdoba es una ciudad, pero también una provincia que ha marcado -y marca- la realidad política, productiva y cultural de nuestro país.