Por Ariel Cukierkorn

Mucho más que una mero esparcimiento, el deporte está establecido en el mundo en tres grandes niveles: el súper-profesionalismo que mueve miles de millones de dólares, la recreación amateur que mueve miles de millones de personas y su potencial como integrador social, cada vez con mayor alcance. Desde esa premisa, no deja de ser una buena noticia que el tenis, durante muchas décadas considerada una disciplina elitista, sea uno de los canales modernos para movilizar a sectores de bajos recursos. En nuestro país, el extenista profesional José Luis Clerc decidió volcar gran parte de su energía a ese tipo de proyectos sociales, en su academia que funciona en el Parque Roca, en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires. En actividad de hace más de seis años, en lo que va de 2013 ya contó con la participación en forma gratuita de más de 20.000 chicos de escuelas públicas de la ciudad y recientemente inauguró otra iniciativa para el orgullo: la escuela de tenis para chicos no videntes.

“Me surgió la idea antes de viajar a trabajar para la televisión al último Abierto de los Estados Unidos y rápidamente, con la gente que me acompaña en la Academia y el apoyo de Humberto Schiavone y la Corporación Sur, pusimos manos a la obra. Me interioricé acerca de la metodología y el material de trabajo con los profesores de la asociación de tenis de allá, que trabaja con chicos no videntes en Texas, y recientemente nos llegaron las pelotas oficiales, que son más grandes, de goma espuma y con una pelota de ping-pong interna que lleva un sonajero. Cuando conversábamos acerca del proyecto con la directora de la escuela 511 de La Matanza, con quienes colaboramos, me decía: ‘Pero eso es imposible’. Y los chicos demostraron que nada es imposible si se hace de corazón”, se conmueve Clerc, contemporáneo como tenista de Guillermo Vilas. Incluso para alguien que como jugador alcanzó el 4to puesto del ránking mundial, pegarle, con la visión restringida, a una pelota del tamaño de un mano con una raqueta puede resultar irrisorio, y el propio “Batata” pudo comprobarlo en carne propia en la presentación en sociedad del proyecto, en la que enfrentó por unos minutos al jefe de Gabinete de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, ambos con los ojos vendados.

De acuerdo con las investigaciones científicas, el tenis para ciegos es posible gracias a la adaptabilidad del cerebro humano, que redirige el lóbulo occipital de sus funciones visuales para procesar el sonido y el tacto con mayor precisión. Si bien estas nociones ya están ampliamente incorporadas para la vida cotidiana, la particularidad de aplicarlas en el deporte realza las aptitudes de las personas no videntes para detectar objetos móviles en el aire. La pelota de goma espuma fue creada en 1984 por un estudiante japonés llamado Miyoshi Takei, y a partir de ese momento unos 300 jugadores participan de torneos en su país. La actividad se esparció con el mismo éxito en China, Estados Unidos, Corea del Sur, Taiwán, Gran Bretaña, Rusia y en nuestro país a partir de un primer acercamiento de una escuela de tenis en Caballito.

Quienes difunden esta nueva vertiente del deporte (los tenistas tienen hasta tres piques permitidos para pegarle a la pelota) tienen como objetivo que sea aceptado próximamente en los Juegos Paralímpicos, pero Clerc tiene clara su misión con otra finalidad: “Me ilusiono con que la difusión de este proyecto abra las puertas para ayudar a gente de otros lugares del país. Acá estamos siempre abiertos a consultas y sugerencias, sin fines de lucro. Sueño con expandirnos en distintos puntos de la Argentina, siempre pensamos más allá. El deporte y este tipo de iniciativas estimulan de manera muy intensa. Ves a los chicos lo que hacen en la cancha y te quedás maravillado. El día de la presentación, con tantos chicos, me tuve que ir a un cuarto a llorar de la emoción. Esa fuerza espiritual es la que me guía a los 55 años de edad para seguir generando este tipo de proyectos”.

En Parque Roca, la Academia Clerc entrena a jóvenes que aspiran a seguir una carrera profesional y todos los días de la semana dedica un espacio importante a las actividades con chicos de la zona. El viernes, desde las 10 de la mañana, quedará desde ahora establecido como el día para recibir a los chicos no videntes, con la perspectiva el año próximo de que la disciplina se desarrolle en condiciones ideales. Es decir, bajo techo (para aislar todavía mejor el sonido), a partir de las reformas proyectadas en el Estadio Mary Terán de Weiss, donde habitualmente el equipo argentino juega como local en la Copa Davis.

“Yo tuve la suerte y le agradezco siempre al tenis todo lo que me dio, pero nunca me imaginé el poder social que tenía. Aun en el mejor momento de mi carrera siempre tuve los pies sobre la tierra: mi familia era de clase media-baja y yo empecé a jugar porque mi viejo trabajaba como capataz en el club L’Avirón, en el Tigre. Por eso también me preocupé de estar en contacto con los chicos que recién empezaban de las camadas que me seguían, para ayudarlos con las raquetas, la ropa y las necesidades de los viajes que les iban surgiendo. Lo importante de esta etapa es haber podido generar un ambiente tan lindo de gente, que lleva a que los chicos vengan contentos y se sientan parte. Quiero que cada uno venga con la idea de volver la próxima semana”, resalta Clerc, quien tiene como laderos del proyecto a Luiz Felipe Figueiredo y Paula Bisio, además de otras 20 personas, entre profesionales y voluntarios.

Con la posibilidad latente de participar eventualmente de la iniciativa a tenistas profesionales en actividad, los alcances de la Academia Clerc involucran también otros enfoques, como una escuela de buceo a partir del próximo 1 de enero y hasta un taller de educación medioambiental. El vínculo con las estrellas del deporte está dado a partir de las raquetas que ya han cedido figuras como Rafael Nadal o Roger Federer para que fueran subastadas con fines benéficos, ya que la Fundación de Clerc no acepta aportes económicos privados. “Apostamos a que nuestras ideas se mantengan en el tiempo, que tengan continuidad más allá de los políticos. A ellos hay que servirles las ideas en bandeja, para que vean que sirven. Y la enseñanza es que con empeño y con corazón, todo es posible”, deja como mensaje.