– ¿Vamos a la casa?, la invitó. Se ha hecho tarde y me van a retar por su culpa.
– ¿Me hablaba?, preguntó Prosperina.
– No m´hija. Venía cantando bajito. – Usted dígame lo que quiera, pero yo me puse contenta pues juraría que estaba bailando.
– ¿Cómo se le ocurre? Le prohíbo cualquier comentario. Lo único que les falta a mis nietos es que usted les dé letra para que me hagan bromas.
– Quédese tranquila. Por mi boca jamás se van a enterar, pero Cacique y Cautiva la vieron, y usted sabe que no son amigos de guardar secretos, dijo alejándose del pellizcón que seguro venía y echando a rodar por la galería su risa contagiosa.
– ¿Qué me estoy perdiendo?, preguntó la Sra. República, abriendo la puerta de la cocina.
– Nada de importancia mi amiga. Su protegida siempre tiene una broma en la punta de la lengua, y viene bien para dar vuelta la página del día.
– ¿Qué hay para la cena?
– Sopa de verdura, tortilla y zapallitos rellenos. Me lavo las manos y vengo.
– Vaya tranquila mientras termino de poner la mesa.
– Señora, la molesto… ¿No traería una botella de vino de la despensa, por favor?
– ¿No había quedado media del almuerzo?
– Si, pero la usé para hacer unas peras para el postre.
– Esto así no tiene futuro Prosperina. Tenemos que cenar más livianito.
– Señora, cuando hago una ensalada con atún o alguna tarta, usted se levanta a la noche con la excusa de que tiene sed…
– Es que me han acostumbrado mal en esta casa.
– Hable con Doña Potola. Ella me dice que cocine y usted se queja.
– Está abierto el libro…, dijo desde el pasillo la dueña de casa. ¿Qué debemos cambiar?, preguntó mientras se sentaba.
– Tenemos que cenar más liviano.
– Me parece bien mi amiga. Le sugiero que para frenar a Prosperina le haga un piquete en la despensa y le vacíe la heladera.
– Yo estoy preocupada por los kilos y usted me hace una broma.
– No es ninguna broma. Un piquete bien organizado da resultados, señora. Si lograron que no salieran 600.000 diarios, ¿cómo no va a poder con Prosperina, a la que sólo la defienden sus pobres ratoneros? Por la hazaña le dieron a Hugo el premio a la excelencia en la Facultad de Periodismo, en La Plata.
– Sigue con sus bromas Doña Potola! Es a Hugo Chávez al que se lo dieron!
– ¡Ayy, me quedo más tranquila! Lo que pasa que yo escuché el nombre en la radio y cuando dicen Cristina en este país, uno no pregunta “qué Cristina”. Y cuando dicen Hugo tampoco. Tienen que pensar que soy una señora mayor, y cuando me equivoco deben disculparme.