Preocupados por el rendimiento decreciente de sus campos, productores de Santiago del Estero trabajan juntos a universidades públicas, el INTA y empresas privadas para recuperar los suelos dañados por la erosión hídrica, a partir de la construcción de terrazas, canales y represas.

La sistematización de un suelo es la introducción de infraestructura para controlar la erosión, como las terrazas, que son canales anchos a través de la pendiente en terrenos inclinados, que recogen el agua de escurrimiento y la desvían a zonas de descarga a velocidades controladas.

“Hoy en el norte un 40% de la superficie está sistematizada, producto del esfuerzo de instituciones públicas y privadas, y todos los productores están viendo un gran logro que es el aumento del rendimiento”, explicó a Télam Natalia Osinaga de la Universidad Nacional de Salta (UNSa).

La especialista explicó que la superficie deforestada en todo el país “ha crecido exponencialmente” desde la década del 90, como consecuencia de los “cultivos extensivos”, fundamentalmente la soja, cultivo que por sus características propias, en determinadas zonas como Santiago del Estero, donde hace mucho calor, favorece la compactación de los suelos y la erosión por escurrimiento del agua de lluvia.

Santiago del Estero es un punto rojo de deforestación a nivel mundial. Y al este de la provincia, los productores veían una disminución de rendimiento a partir de los 20 años de uso agrícola para soja.

La ingeniera contó que allí “el agua de lluvia se estaba llevando todo el suelo” a pesar de que “es una zona con pendientes muy baja”, y esta contradicción fue la que “dio origen a mi tesis de doctorado”. “En el suelo tenemos distintos horizontes de profundidad y el superficial siempre es el más rico porque tiene mas materia orgánica. Y resulta que el escurrimiento se estaba llevando ese horizonte que es el que me aporta los nutrientes a la planta”, contó.

Osinaga dijo que la erosión hídrica alcanzaba allí niveles altos a pesar de la poca pendiente porque la soja “es una planta que tiene pocas hojas y tallo” en comparación con otras como el maíz y esto hace que la materia orgánica que cae al suelo es mucho menor. Esto, sumado a las altas temperaturas que soporta esa zona, hacía que ese material se secara rápidamente, convirtiendo al suelo en una capa compactada y dura, por donde el agua no infiltra.