“Cuando tenés 24 años y practicás deporte es fácil mantener un cierto nivel de exigencia. Pero cuando en 2011 cumplí 30 años y estaba recién recuperado de mis problemas de rodilla, pasé por momentos duros. Sentía dolor y no notaba mejora, así que estaba un poco desesperado, por eso empecé a averiguar que podía hacer para aumentar mis posibilidades de recuperarme”. Así empezó el camino que terminó llevando al pivote Luis Scola a la implementación de un plan de alimentación llamado paleodieta.

El consumo de alimentos de esta dieta pone el acento en los hidratos de carbono. Dice Scola. “Mis fuentes de carbohidratos son en un 80 o 90 por ciento las frutas y verduras”. Así, dice Scola, logró revitalizar su rol de jugador de Indiana y, además, logró traspasar esta rutina alimentaria a sus compañeros de selección, Emanuel Ginóbili y Pablo Prigioni. “Bajo ninguna circunstancia soy un doctor, ni quiero cuestionar ninguna opinión al respecto de un doctor. No quiero que la gente, leyendo mis declaraciones, se quede con mi palabra. Yo tan sólo encontré una dieta, la probé y me funcionó tan bien que sigo con ella, es lo único que puedo decir”, añadió Scola.

¿Cómo cambió la vida de un deportista de alto nivel tras la dieta? “Me siento mucho mejor y con más energía, ha mejorado mi estado de ánimo, tengo la cabeza más clara, duermo mejor, he reducido la grasa corporal, mi peso bajó y me siento más fuerte”. Scola además le imprime a su vida esta política: no come alimentos elaborados previamente y trata de que todo lo que llega a su mesa no tenga procesos que puedan resultan nocivos para la salud. No consume pollo que esté alimentado con alimentos balanceados ni verduras y frutas que hayan tenido contacto con químicos.

“Me encuentro mucho mejor y nunca voy a volver a mi anterior alimentación. No podés volver. Por eso recomiendo a mis compañeros que la prueben, cuando me alimento como lo hacía antes empiezo a encontrarme mal. Por eso, cuando empezás y lo mantenés en el tiempo, no podés dejarlo porque si volvés atrás, lo notas”, dijo el basquetbolista.

¿Cómo es la paleodieta?

Mucha gente crítica con este estilo de alimentación suele reclamar más carbohidratos en los menús diarios. A los jugadores de la NBA se les recomendaba añadir a su Paleodieta la ingesta de arroz, fideos y papas debido a su gran desgaste energético, en una adaptación del libro “Paleodieta para deportistas”, de Loren Cordain. Salvo que uno entrene varias horas tal y como hacen los deportistas de élite, se puede prescindir de almidones vacíos y basar la ingesta de hidratos de carbono en fruta y verdura, que contienen muchos más nutrientes y tienen una carga glucémica moderada.

Hace ya más de 25 años que nació en Estados Unidos esta paleodieta, una forma de alimentarse basada en lo que teóricamente comían nuestros antepasados en la era Paleolítica, cuando el hombre era cazador-recolector, antes de que se desarrollaran la ganadería y la agricultura. Esta propuesta –diseñada originalmente para mejorar la salud a través de una alimentación más natural– ha sido adaptada a los deportistas con el fin de mejorar su rendimiento deportivo.

La base principal de esta propuesta nutricional se apoya sobre la idea de que los seres humanos, a través de miles de años de evolución, hemos adquirido una serie de características genéticas adaptadas a una forma de alimentarnos que dista mucho de la dieta que consumimos actualmente.

Según los defensores de la paleodieta, es precisamente esta discordancia entre el diseño de nuestros genes y los alimentos que consumimos en la actualidad lo que ha favorecido el aumento tan alarmante de las enfermedades relacionadas con la nutrición (diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, etc.).

Esta dieta se basa en los alimentos que supues­tamente consumían los hombres en la Edad de Piedra, cuando eran cazadores-recolectores. Los componentes principales de esta dieta son los alimentos que se cree que nuestros antepasados encontraban en el medio natural. Entre los alimentos de origen vegetal están las frutas y verduras, las raíces y tubérculos, los frutos secos y los aceites vegetales crudos. Entre los ali­mentos de origen animal están las carnes magras, los huevos y los pescados.

La pa­leodieta excluye aquellos alimentos que se introdujeron en nuestra dieta tras el desa­rrollo en el pasado de la agricultura y la ganadería y, más recientemente, de la in­dustrialización, como son los cereales, las legumbres, los productos lácteos, la sal, el alcohol, las carnes grasas, el azúcar refina­do y los productos procesados industrial­mente.

La dieta típica occidental se basa en un 70 por ciento en alimentos que no estaban presen­tes en la era Paleolítica (cereales, lácteos, azúcares refinados y grasas procesadas). Los defensores de la dieta paleolítica, tras las observaciones de los pueblos actuales de cazadores-recolectores y de otras pobla­ciones no occidentales, consideran que una dieta que se acerque al modelo paleo­lítico puede ayudar a reducir el riesgo de diversas enfermedades (enfermedad car­diovascular, síndrome metabólico, diabe­tes tipo 2, cáncer).

Además, algunos estudios actuales de intervención (en los que se compara en un ensayo controlado este tipo de dieta con otros modelos dieté­ticos) sugieren que la paleodieta puede inducir cambios favorables en algunos fac­tores de riesgo como reducción de peso, reducción del perímetro de la cintura, re­ducción de la presión arterial, disminu­ción de la secreción de insulina, aumento de la sensibilidad a la insulina.

Los estudios de observación realizados en poblaciones que siguen un tipo de dieta más paleolítica han mostrado unas tasas de enfermedades occidentales muy bajas o casi inexistentes. En cuanto a los estudios científicos sobre la paleodieta, lo cierto es que a día de hoy, la mayoría de los estudios de intervención que se han hecho se han realizado sobre una muestra muy pequeña de individuos, que además presentaban alguna patología. Aun así, los resultados hasta ahora son bastante prometedores.

El libro “Paleodieta para deportistas, escrito por Loren Cordain (nutricionista) y Joe Friel (entrenador de triatletas y ciclistas de élite), dice lo siguiente en su contratapa. “Dale a tu cuerpo aquellos alimentos para los que está genéticamente preparado y así conseguirás que tu rendimiento deportivo sea óptimo. Durante décadas, entrenadores, atletas y científicos del deporte han abogado por tomar muchos carbohidratos y también complementar las dietas con productos comerciales para mejorar el rendimiento deportivo, tendencia que ha dejado de lado erróneamente los saludables alimentos frescos. Paleodieta para deportistas es el primer libro que ofrece un programa verificado que incorpora todos los nutrientes esenciales a partir de una serie de alimentos que los deportistas necesitan para estar completamente sanos. Estudiando tanto las dietas de nuestros antepasados como las de los mejores atletas actuales, los autores muestran cómo corredores, ciclistas, nadadores, triatletas y corredores de fondo pueden obtener magníficos resultados con tan sólo hacer unos cambios sencillos en su dieta”.

Los puntos esenciales de la Paleodieta

Aumento de los aminoácidos de cadena ramificada: carnes magras y el pescado, alimentos abundantes en la paleodieta, son muy ricos en esto aminoácidos. Su consumo en los momentos posteriores al ejercicio consigue “revertir rápidamente el deterioro muscular natural que sobreviene como consecuencia del entrenamiento y por tanto reducir su tiempo de recuperación y poder así entrenarse con mayor intensidad en la próxima sesión”.

Acidez versus alcalinidad del pH de la sangre. Según los autores, la dieta occidental es ácida, debido a la preponderancia de alimentos acidificantes como los cereales, los productos lácteos y los productos procesados, en detrimento de las frutas y verduras, que son alcalinizantes. Debido a los productos metabólicos de desecho derivado del ejercicio intenso (ácido láctico, liberación de iones hidrógeno cuando se utiliza la glucosa como fuente de energía para el trabajo muscular), el organismo de los atletas es aún más propenso a la acidez. Así, el seguimiento de la paleodieta conseguiría, en teoría, alcalinizar la sangre.

Nutrientes traza. Las frutas y verduras son una fuente muy importante de vitaminas, minerales y fitoquímicos antioxidantes y, en combinación con las carnes magras (excelentes fuentes de zinc y vitaminas del grupo B), alimentos básicos de la paleodieta, que promueven un óptimo funcionamiento del sistema inmunitario. La mayor parte de los deportistas basa su dieta en cereales, aceites y azúcares refinados, por lo que su dieta carece de estos nutrientes importantes y, por tanto, su sistema inmunitario está muy debilitado, lo que les lleva a sufrir procesos infecciosos frecuentes que dificultan la intensidad y continuidad de sus entrenamientos.

Depósitos de glucógeno. Los autores dicen que comer carbohidratos a lo largo de todo el día supone un gran exceso y puede desplazar a otros alimentos importantes como las frutas y verduras y “las proteínas formadoras de músculo”. Los autores hacen una adaptación a la paleodieta clásica y reconocen que “el consumo de almidones y azúcares simples sólo es necesario y útil durante el ejercicio y en el período inmediatamente posterior”. Los autores descubrieron que cierto tipo de carbohidratos eran más eficaces a la hora de regenerar el glucógeno muscular y son la glucosa (alimento no paleolítico) junto con los almidones presentes en la banana, la batata y las papas.