“La mirada que recibimos de las personas es de piedad, lástima y hasta miedo. En cambio el perro te mira con amor, sin juzgarte por las muletas o la silla de ruedas. Mientras los acaricias es como que recibís mucha paz”, explica Beatriz Nasso que padece un traumatismo en la médula espinal.

Lo que nadie duda en asegurar es que los perros son una gran ayuda en la salud. Bocalán es una asociación sin fines de lucro que tiene por misión entregar perros de asistencia y realizar terapia asistida con animales. El equipo está integrado por diferentes profesionales que van desde psicólogos, técnicos psicomotrices, kinesiólogos y veterinarios, entre otras disciplinas.

“Nos basamos en una técnica llamada Análisis Conductual Aplicada, que tiene por objeto modificar la conducta de niños con autismo y otras patologías físicas como parálisis cerebral. Mientras acarician el lomo del animal, los chicos aprenden a fijar la mirada, aumentar el lenguaje y mover sus músculos”, explica Analía Gestro, coordinadora del área de terapia asistida con animales de Bocalán Argentina.

“Nuestro hijo responde muy bien a la terapia con los labradores. Le encanta acariciarlo, le pone broches en el pelo. Estos animales son muy receptivos y están acostumbrados a estar con personas”, sostiene Miguel Dolber, padre de un chico autista.

El Big Team Argentina es otro centro que se dedica a las intervenciones asistidas con animales y la equinoterapia. “Sabemos manejar a los perros para ayudar a personas con discapacidad mental, autismo, parálisis cerebral, niños con problemas de conducta y desnutrición. Además, trabajamos con algunos hospitales con pacientes psiquiátricos”, explica María Balduzzi, consultora psicológica en intervenciones asistidas, directora del Big Team.

“En nuestro centro tenemos unos 18 perros y cerca de 15 profesionales de diferentes rubros. Los perros que nosotros criamos y también recomendamos son los Australian Labradoodles, una raza muy mansa que no deja pelo y se adapta perfectamente para trabajar con niños”, apunta Carolina Albrisi, del equipo Big Team y directora del Centro Ecuestre Palermo.

El perro, dicen, al compartir tanto años con el hombre, siente y reacciona de forma muy similar a los humanos. “Aparecen enriqueciendo la vida de sus compañeros humanos en muchos sentidos. Aman y aceptan incondicionalmente a sus compañeros, facilitan la comunicación e interacción social, proveen una salida al estrés sirviendo como distracción de las preocupaciones de la vida cotidiana y llenan necesidades emocionales y sociales”, apuntan de la Fundación de equitación San Juan.

“El perro es un motivador, es la llave que nos permite abrir el corazón de los menores. Y si bien todos adoramos a los animales, tenemos en claro que nuestro foco son los pacientes”, concluye María Balduzzi, del Big Team.