Los patios ya existían en la antigüedad, 1000 A. de C., como significado del único nexo entre el interior de la vivienda y el mundo exterior.

 

En Grecia, Roma, China y Pompeya, entre otros, formaban parte importante de
las residencias ciudadanas. En tiempos posteriores, el patio hispano morisco es un
espacio ajardinado con atractivos juegos de agua, plantas frutales y espacios vegetados con hermosos canteros florales.

 

En nuestro país, heredado de las culturas hispanas, como el patio cordobés, se
construían las viviendas con todas las habitaciones y dependencias en derredor de
este espacio, a veces con un lado abierto, con el propósito de conseguir abrigo de las
inclemencias climáticas, en defensa de extraños e intimidad para las actividades
familiares.

Esta concepción de la organización espacial de las viviendas en sitios urbanizados
aún se encuentran vigentes por razones de higiene y confort, pues contribuyen
a ventilar el interior de la vivienda y a proveer un espacio abierto que facilite
parte de las funciones utilitarias de la familia, como el tendido de la ropa, la guarda
de herramientas, de leña y de otros enseres, el lugar del asador, etc.

Ideales

 

Desde el interior de la vivienda este lugar se debiera contemplar como un paisaje
ajardinado con la dinámica de cambios estacionales del color de las flores y del follaje.

 

Cuanto más amplias y transparentes sean las aberturas, más amplias serán las
visuales para su apreciación. Si no existiesen limitantes en la orientación de la vivienda, el patio debiera situarse de modo de recibir durante el mayor tiempo posible los rayos del sol, que permitiesen sanear el ambiente de las habitaciones,
calentar el lugar en los días del invierno, iluminar naturalmente el interior de la vivienda y permitir el crecimiento de las plantas que en él se cultiven. En estos
sitios los rayos del sol no impactan directamente en el suelo cercano a la cara de las
paredes que están orientadas hacia el Sur.

 

Cuanto más altas sean las construcciones periféricas, menos soleadas estarán. El
período más crítico del soleamiento ocurre durante el invierno, por la mayor inclinación de los rayos solares donde las sombras son más prolongadas. Es por ello que las especies vegetales que se elijan para incluirlas dentro de estos espacios tendrán que soportar la media sombra, ambientes húmedos, bajas amplitudes térmicas y resistir las enfermedades que se exacerban ante estas condiciones ambientales.

 

Los materiales que se empleen para las diferentes construcciones, piso, asientos, mesas, columnas, etc, deberán resistir estas condiciones ambientales y aumentar moderadamente su temperatura para evitar el excesivo calentamiento en el verano
que hará del lugar un espacio sofocante. Una de las premisas fundamentales en la distribución de las instalaciones y del mobiliario es que sean útiles para que cumplan con comodidad las funciones por las cuales se los ha incluido.

 

El turno de la vegetación

No sólo el estilo del mobiliario, de las instalaciones y el diseño de las construcciones
son parte del ornamento, sino también la vegetación y con los contenedores que se
dispongan. Este último aspecto trata de lograr que el patio se convierta en un jardín
con piso de losetas, baldosas u otra cubierta semejante.

 

Es posible cultivar un piso de césped, pero es muy difícil de mantenerlo siempre en buen estado de uso, pues el pisoteo y la falta de luz solar directa lo afectan notablemente, retardando su recuperación, aun incorporando todas las técnicas aconsejadas para su preservación. Para lograrlo se debiera, como primer paso, disimular el extenso plano de las paredes perimetrales con especies trepadoras que provean atractivas floraciones, en lo posible durante todo el año, de manera de quitar tanta rigidez y frialdad.

 

Sobre los bordes del solado y adyacente a las paredes o muros se puede disponer en
todo o parte del perímetro, de una bordura floral mixta, donde se combinen herbáceas florales con otras de vistoso follaje combinadas con arbustos de pequeño y mediano portes. Para ello se deberán quitar las losetas, dejando libre un ancho de no más de 0,60 m, retirar el material del contrapiso y reemplazarlo por tierra con alto contenido de materia orgánica.

 

En la elección de las plantas debe tener especial cuidado de seleccionar aquellas
que no adquieran diámetros muy anchos, pues interferirán en el tránsito y reducirán
la superficie de uso. Sobre el fondo o parte posterior de la bordura crecerán las trepadoras, tapizando las paredes y otorgándole la dimensión vertical vegetal que equilibra el alto de los muros.

 

Sobre los muros se pueden adosar, o colgar sobre ménsulas, pequeños contenedores con plantas que pendan, con colores del follaje y de la floración que contraste con el de las trepadoras o en su defecto con el color de la pared. Sobre muros antiguos basta quitar uno o dos ladrillos, ahuecar sobre una junta y plantar herbáceas o helechos, para recrear un ambiente de espontaneidad natural.

 

Dentro de las borduras, incorpore especies aromáticas y algunas de hortalizas o cultívelas en contenedores. Albahaca, tomillo, mejorana, menta, rúcula, perejil,
ciboulette, orégano, ajedrea, romero, salvia, tomates miniatura son fácilmente cultivables.

 

Incluya, si es su gusto, especies de flores comestibles como taco de reina y zapallito
zuchini. Además, el patio se constituye en un ambiente apto para el cultivo de muchas especies delicadas para la zona pues está protegido de los factores climáticos adversos y morigeradas las temperaturas extremas. Allí puede cultivar especies exóticas en pequeños invernáculos construidos para la ocasión.

 

También cultive pequeños árboles en macetones, sobre todo frutales cítricos como naranjo, limón, quncuat, limón sutil, que le darán sabrosos frutos y el exquisito aroma de los azahares.

 

Cultivar plantas en contenedores le da la posibilidad de rotarlas de lugar para dinamizar el cambio de las composiciones de la vegetación junto con parte del mobiliario. Considere la instalación previa de un sistema de riego sencillo, compuesto
por rociadores, por microaspersores y también por goteo que le permitirá este último
dotar de agua a las plantas en macetas y contenedores.

 

Si el agua para regar la extrae de la napa freática analícela en un laboratorio competente para comprobar su aptitud para riego pues corre el riesgo de contaminar el suelo con sales que luego deteriorarán a sus propias plantas. No descuide la iluminación nocturna, pues con ella bien calculada y ordenada se realzarán las
cualidades compositivas y ornamentales del sitio.