Fotos Marcelo Arias

Para ser soplador de vidrio en la ex Cristalux es preciso tener el pulso de un francotirador. Se debe sentir el peso justo del vidrio a los 1.500 grados en que el horno carga?ndose en la can?a para moldearla. Quien conoce esos secretos es Ce?sar Antu?nez, encargado de los 35 compan?eros de la li?nea de soplado. “Trabaja?s con el cuerpo”, dice este oficial soplador y socio de la cooperativa desde 2002, cuando la tomaron los obreros. El hombre sabe que ma?s difi?cil que soplar es juntar la plata. “Pero si se quiere, se puede”, dice.

En el primer piso, el calor es el del infierno sin Satanás. El horno hace sudar y entrega un ruido que obliga a hablarse al oído. Al lado de ese gigante en ebullición está Miguel Marastonio, con 58 años de edad, 20 en Cristalux y siete en la cooperativa. Es maquinista, pero, como sus compañeros, hace lo que haya que hacer. “Somos polifuncionales, esto es nuestro”, simplifica.

La ventanas dejan pasar la luz, pero el ruido es más fuerte que el sol. Los obreros van y vienen; del horno de molde al de cocción, de ahí al embalaje. Bajan y suben una rampa, bajan y suben escaleras, entran y salen de las oficinas. Todos hacen todo.

Héctor Alarcón, a punto de volver a trabajar en la Cooperativa Cristal Avellaneda, la ex Cristalux, da la justa. “Es una ciudad esto”, dice del predio de cuatro hectáreas que ocupa la fábrica de vasos, copas y platos Durax, en Gerli, partido de Avellaneda. En su auge, en esta empresa recuperada por sus trabajadores, había entre 1.500 y 1.800 obreros. Antes de irse, el dueño tomó la malvada precaución de apagar el horno con vidrio adentro, para que nadie pudiera usarlo.

Rau?l Guerrero es el ti?pico animador de la li?nea de produccio?n. Oficial foguista, dice que no le importa cobrar 200 pesos por semana desde que el horno grande se derrumbo?. “No quiero estar ma?s bajo patro?n”, jura. Los 90 trabajadores, ayudados por los 600 pesos mensuales con que el Gobierno Nacional los subsidia, producen 25.000 vasos por di?a y dentro de poco echara?n a andar el otro horno.

La receta del vidrio

Se mezcla agua con los siguientes minerales: arena de sílice (45 por ciento de la mezcla), carbonato sódico (15 por ciento) y piedra caliza (10 por ciento). El resto de los ingredientes son dolomita, nefelina y sulfato sódico. Se ponen pedazos de vidrios en una tolva con nueva materia prima, que sale en un flujo continuo hacia el horno, que arde a 1500 grados durante 24 horas.

El homogeneizador mezcla el vidrio para igualar la temperatura y luego se vierte el contenido en un baño de estaño líquido, de donde el vidrio sale a 600 grados, pero hay que enfriarlo una vez más para poder trabajarlo.
Hierro, azufre y carbono son los elementos que le dan el color al vidrio. En las fábricas más sofisticadas hay máquinas que soplan aire comprimido para darle forma a las botellas. Pero en Cristalux el soplido tiene detrás los pulmones de César Antúnez.

Desde hace 4000 años, en los tiempos de los egipcios, se usa el vidrio, pero estaba limitado a ser un objeto de lujo. Fueron los romanos quienes tomaron la punta en la fabricación del vidrio con aplicación en la construcción y para finales del siglo XIX se volvió un material más de construcción, como el acero. Pero con algunas diferencias a favor: para fabricar vidrio se usa menos energía que para fabricar plásticos o metales y, además, puede reciclarse infinitamente.