Por Damián Damore?

Las embotelladoras son conscientes del pasivo ambiental que producen sus plásticos. Aunque no producen contaminación directa, que de por sí son inocuas. Sin embargo, los envases son el vehículo de otras contaminaciones, como el relleno de ríos. “Las empresas necesitan darle un destino a las botellas. Coca-Cola y Danone utilizan nuestra materia prima para sus botellas”, enumera Carlos Briones, gerente de Relaciones Institucionales de Cabelma, la planta embotelladora que se dedica a reciclar grandes volúmenes de botellas de plástico, acerca del destino de millones de botellas que se recolectan día a día en todo el país.

Cabelma es una de las plantas más modernas a nivel mundial. Tanto es así que suele enviar técnicos de toda Latinoamérica a capacitarse. En su planta de General Pacheco procesa 1,5 millones de botellas por día, 12.500 toneladas de PET (polietilente terestalato) al año. En julio del año pasado anunció una inversión de US$10 millones para ampliar su producción. La inversión inicial fue de US$27 millones.

Aunque nació como aserradero de madera en Tigre, el negocio más tarde viró a la industria plástica fabricando cajones plásticos y baldes. En la década de los 80 fue la primera planta de Sudamérica en fabricar botellas PET, que es el material con el que están hecha los envases de gaseosas, agua mineral y algunas de productos de limpieza, pero no todos (las de lavandina, por ejemplo). El pet es un material que sirve para que no se escape el gas de la botella.

“Con las botellas posconsumo, más el agregado de una materia prima en granos, que se llaman pelets, fabricamos nuevas botellas. Ya llegará un momento en donde habrá botellas 100 por ciento recicladas. Por ahora es un problema más de abastecimiento, si bien hay muchas botellas en el mercado, no hay recolección fluida: las botellas tiene una relación-volumen que no hace rentable la recolección”, admite Briones.

Las botellas que levantan de la calle los cartoneros, continúan su transición hasta los “galponeros” que clasifican la recolección y luego, compactada, se la venden a acopiadores, que catalogan los plasticos según los colores. “El cristal puede reciclarse en una botella de un color, como el verde. Pero la que es verde o azul, ya no puede ser de otro color. La clasificación terminó dándole un valor distinto a cada uno de las botellas”, detalla Briones. Los acopiadores envían el material compactado en fardos parecidos a los que se ven en el campo y un vez que llegan a la plantas comienzan a reciclarse con un proceso que tiene años y fama: soplar para hacer botellas. Ahora de plástico.

Datos úitles:

Las botellas de litro y medio pesan 30 gramos. Para un kilo se necesitan treinta botellas usadas, aproximadamente.

Las botellas son cada vez más livianas y tiene menos material.

Para fabricar una tonelada de PET virgen se necesitan 3,8 barriles (25 litros) mientras que Cabelma utiliza 40.000 botellas usadas.

Una tonelada de PET reciclado ahorra un hasta un 70 por ciento de energia.