Celulares que se controlarán con el pensamiento. Sensores subcutáneos que ofrecerán datos en tiempo real sobre el estado de salud de una persona. Un ciberterrorismo más activo que pondrá en jaque la privacidad y la confidencialidad. A estas conclusiones llegaron un grupo de especialistas de diversas áreas académicas y de negocios, convocados por el Centro de Investigaciones Pew, de Washington, y la Universidad de Elon, en Carolina del Norte para tratar de dilucidar cómo será Internet dentro de 10 años.

Cerca de 1.500 expertos brindaron sus vaticinios, y los resultados del impacto y la forma en la que teléfonos, lentes, relojes, autos, ropa y otros objetos se vincularán con la Web –en algunos casos, de un modo que asusta un poco– quedó registrada en un informe llamado Vida digital en 2025 ( Digital Life in 2025 ).

Uno de los puntos en que muchos coinciden es que, como ocurre con la electricidad o el aire, Internet pasará a formar parte del ambiente aunque nadie notará su presencia. El costo de los chips será tan bajo que estarán implantados en semáforos, envases descartables y alimentos. La mayoría de los aparatos y cosas se conectarán a la red sin mediación del hombre.

En materia de salud, los sensores subcutáneos que entreguen datos en tiempo real sobre el estado de salud de un paciente serán algo corriente. Para Jim Hendler, profesor de Ciencia de la Computación del Instituto Politécnico Rennsselaer, en Nueva York, “las pulseras inteligentes evolucionarán hasta permitir monitorear el porcentaje de azúcar en sangre o las calorías que se consumen y se podrán adaptar para medir el valor nutricional de diferentes alimentos”.

Los cambios no serán precipitados y se irán adecuando de forma progresiva al uso cotidiano. La denominada Internet de las cosas y los dispositivos ensamblados en la ropa alcanzarán su mayor grado de progreso en los próximos 6 años. Para 2020 se espera que existan 50 mil millones de artefactos que se abran paso en la red de redes.

En cuanto a la privacidad, David Clark, investigador del MIT en Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, destacó que “cada dispositivo tendrá su propia sistema de comunicación y se integrará a una red social privada, donde los contactos y la información que comparten será controlada en forma automática. Las decisiones, tanto personales como laborales, se tomarán en forma cooperativa a través de una red de dispositivos conectados entre sí”.

También se prevé que los celulares alcancen un nivel tal de clarividencia que serán capaces de interpretar los pensamientos de su portador. “En 2025 estarán disponibles los primeros equipos con los que podremos interactuar a través de nuestros pensamientos. Además, se podrá hablar con asistentes digitales de la misma manera que lo hacemos con cualquier persona, gracias a que estarán conectados de forma permanente a Internet”, augura Hal Varian, jefe económico de Google.

Pero no todo será color de rosa. A medida que se profundice el cambio de paradigma, los actuales modelos –sobre todo de finanzas, entretenimiento, salud, publicidad y educación– sufrirán cambios radicales. Esto permitirá, según vaticinan, que las fronteras entre naciones se diluyan lentamente y la brecha entre ricos y pobres sean cada vez más pronunciadas.

“El ciberterrorismo se convertirá en una práctica habitual. La privacidad y confidencialidad de todo lo personal será algo del pasado. Las divisiones digitales aumentarán y no podrán ser mitigadas por los países o las organizaciones internacionales. Esto fomentará polarización planetaria, algo que será aprovechada por las compañías internacionales. El mundo será cada vez menos seguro y sólo las habilidades personales protegerán a los individuos”, disparó Llewellyn Kriel, CEO de TopEditor International Media Services.

A tono con las profecías de absolutismo y censura, Paul Babbit, profesor de la Universidad de Arkansas del Sur, cree que “si bien el acceso a Internet será gratuito, se volverá más restrictivo y la participación estará monitoreada. Los gobiernos se volverán mucho más efectivos en usar el Internet como un instrumento de control político y social”.