En la capital salteña, 16 comunidades campesinas que congregan a 300 familias rurales y periurbanas de los municipios de Seclantás y Molinos, organizaron una exposición de “Diseño Campesino”, la muestra contó con un desfile de moda para posicionar la marca colectiva con la cual comercializan los productos que elaboran a partir de materias primas locales. Se trata de artesanías y ropa de alta calidad y diseño innovador, identificados como CUM, la sigla que representa a las Comunidades Unidas de Molinos.

La colección de indumentaria –fabricada con saberes y técnicas de hilado ancestrales– con accesorios y artesanías para el hogar, con diseño innovador, la colección de la CUM está orientada a los usos urbanos para llevar las artesanías clásicas a consumidores de moda.

La exposición de piezas únicas, realizadas 100% a mano, refleja el esfuerzo de cada tejedora en su manera de trabajar, revaloriza lo artesanal y lleva la identidad de las comunidades unidas de molinos. Contó con productos textiles con altos niveles de valor agregado en origen, estructurados en cuatro líneas: sastrería con telas artesanales de telar, prendas de punto realizadas con los hilados locales en técnica de aranes, hilados diferenciados con los colores de las fibras naturales de llama y oveja y productos para el hogar en fieltro.

“La muestra es el resultado del trabajo en espacios inter comunitarios de capacitación e intercambio de conocimientos que se dictan todos los meses para la puesta en valor de los saberes ancestrales de los artesanos de la región. En esas capacitaciones se trabajan técnicas como el tejido de tapiz, de poncho y telas de telar, introducción de nociones de diseño, colección, marca y mercadeo, productividad, condiciones de trabajo y comercialización de productos con valor agregado en origen” explicó Paula Olaizola, jefa del INTA Seclantás. Con estas iniciativas, añadió, las comunidades buscan “promover la comercialización de su producción de manera justa, posibilitando una fuente de ingreso real que les permita afrontar el resto de sus necesidades de manera autónoma”.

Desde 2002, estas comunidades comenzaron a trabajar y unir esfuerzos para transformar su realidad. Acompañadas por INTA, la ONG Red Valles de Altura y los municipios de esas localidades –entre otros organismos y programas de financiamiento–, desarrollaron importantes obras de agua para consumo humano y riego, baños en las viviendas familiares, mejoras en la producción artesanal y la implementación de campañas de vacunación y botiquines de sanidad animal que permitieron disminuir notablemente la mortandad de los rebaños, pilar fundamental de estas economías familiares.

“Nosotras trabajabamos la lana desde chicas, pero ahora estamos haciendo nuestros propios diseños, es emocionante ver que a la gente le gusta lo que hacemos” contó Maura Morales, de la Comunidad de Patapampa.

En este sentido, Olaizola afirmó que el trabajo continuado y organizado de la CUM hizo posible superar “los problemas de comercialización que atraviesan los productores, individual y comunitariamente”, así como resolver la migración de los jóvenes a la ciudad por falta de fuentes de trabajo.” Un ejemplo a imitar.