Se trata de un proyecto que procura generar a las personas detenidas oportunidades laborales y brindar hábitos laborales para afrontar la reinserción social. Con un cúter, un horno, un par de planchuelas, un soplete y serruchos se elaboran hasta diez escobillones diarios.

El emprendimiento se desarrolla desde hace tres años en el sector de talleres de la Unidad 1, dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense, la cárcel más poblada del país.

Matías (23), oriundo de Monte Grande, es uno de los internos que impulsa la experiencia laboral, y explicó: “Cuando estaba en la calle vi en Internet cómo reciclaban las botellas de plástico y ni bien llegué acá lo propuse como una actividad”.

Todos los días, a partir de las 8 de la mañana, los presos que participan del taller de escobillones salen a buscar botellas en los pabellones y en los lugares donde sus pares reciben la visita de familiares y allegados. “Traemos las botellas de gaseosas y agua mineral, las limpiamos y enseguida iniciamos la producción”, detalló Matías.

Los internos pasan las botellas por una máquina artesanal, de la que sacan unos 26 metros de tiras. “Atamos las tiras y las envolvemos en una planchuela de hierro. Luego calentamos el plástico en un horno para dejarlo más manuable, y cortamos las tiras en ‘v'”, explicó Ezequiel, otro de los detenidos.

Mientras esto ocurre, otros internos cortan las maderas, las agujerean y le pasan las tiras en “v” por los orificios. Enseguida, con el soplete queman la parte superior de la base del escobillón y le clavan otra madera encima. Finalmente llega el momento del encastre del palo, y el escobillón queda listo.

Matías resaltó que “no somos indiferentes al cuidado del medio ambiente, sabemos que el plástico tarda miles de años en desintegrarse, por lo que nos pone contentos saber que la experiencia es ecológica”.