La endometriosis es una afección en la que el tejido que normalmente reviste el interior el útero (denominado “endometrio”) crece fuera del útero en lugares donde no debería estar como en los ovarios, las trompas de Falopio, la parte externa del útero y en los órganos abdominales.

“Uno de los problemas de esta enfermedad es que el tratamiento que se les ofrece a las pacientes primero incluye una cirugía de remoción de las lesiones por laparoscopía. Luego se les da un tratamiento hormonal para bajar los estrógenos en sangre, que son la fuente que le permite a las lesiones crecer”, dijo a Télam Gabriela Meresman, directora de esta investigación del Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme) del Conicet y la UBA.

Cuando los tratamientos hormonales se terminan, ya que no se pueden dar por siempre, “las lesiones vuelven a crecer, entonces hay un problema de reincidencia de la enfermedad“, explicó y agregó que “otro problema que tiene el tratamiento hormonal es que mientras se lo está dando la paciente no puede quedar embarazada“.

La endometriosis afecta al diez por ciento de la población femenina y, en el país, la padecen alrededor de un millón de mujeres, y suele ser diagnosticada con mayor frecuencia entre los 30 y los 49 años. Puede causar periodos menstruales muy dolorosos, sangrado abundante y dificultades para lograr un embarazo.

Con esta problemática estábamos pensando una alternativa terapéutica que se pueda administrar a las pacientes de forma crónica, venimos trabajando en endometriosis hace muchos años y somos uno de los grupos pioneros en Argentina ya que hay pocos antecedentes sobre el tema porque es un enfoque bastante novedoso”, contó Meresman.

La investigadora explicó que llegaron a hacer pruebas con la planta romero debido a que “la endometriosis se parece al cáncer en cuanto a cómo es el mecanismo mediante el cuál las lesiones se irrigan en otro sector y hace mucho tiempo que se está estudiando terapias naturales en cáncer”.

“Esta planta contiene ácido carnósico y ácido rosmarínico, activos que ejercen efectos antioxidantes, antiinflamatorios, antiproliferativos y antiangiogénicos, que son esenciales para evitar la reproducción celular y la irrigación de las lesiones, lo que detendría su crecimiento“, precisó la investigadora.

Hasta el momento, las investigadoras obtuvieron resultados alentadores en los modelos de laboratorio y en pruebas con animales: “Pudimos demostrar, tanto en modelos con ratones como en cultivos celulares, que los compuestos activos de las plantas inhiben la endometriosis sin generar efectos adversos“, explicó Meresman, que trabajó junto con la doctora Luciana Ferella y la doctora Carla Olivares, y aclaró que “todavía no hicimos pruebas en pacientes, es un trabajo experimental”, aunque aseguró que “nos interesa mucho llegar a las pacientes, que esto no sea una investigación aislada para hablarle a 30 científicos”.