Algunas salidas de presos para actividades sociales que tienden a la reinserción y que son debidamente autorizadas por el juez dieron pie para la polémica. En la hermosa provincia de Córdoba, hace más de 50 años se llevan a cabo talleres en todas las cárceles. Desde herrería, carpintería, mueblería, panadería, fábrica de pastas, tapicería, chapa y pintura, imprenta y hasta un lavadero de autos, entre otros, son algunas de las tareas que los internos pueden realizar, y para los cuales deben cumplir con ciertos requisitos. El Federal visitó el Servicio Penitenciario N°2 de esta provincia para dar cuenta de estas actividades con los internos.
Juan Gelos es, desde 2008, el director de Trabajo y Producción de Cárceles de la provincia, y explica cómo funcionan las diversas tareas, qué objetivo se logra y de qué forma: “Nosotros tenemos aquí 270 presos trabajando en dos turnos de cuatro horas. En el penal tenemos alrededor de 840, todos hombres. Cuando cualquiera de los internos pide trabajar, nosotros hacemos un estudio, vemos sus antecedentes laborales y a partir de ahí se le da el empleo. Ellos aprenden el oficio y el hábito. Después, cuando salen, hay muchos casos que comienzan a trabajar de lo que aprendieron aquí adentro”.
Algunas actividades (como la confección de escobas o la cocina) son para consumo interno, pero la gran mayoría de los productos se venden al público o los utiliza el gobierno provincial, como toboganes para las plazas y los documentos oficiales que realiza la imprenta. Parte de ese dinero va a una cuenta corriente que se utiliza para seguir comprando materiales y continuar la producción. En pleno centro de la Ciudad de Córdoba, el servicio penitenciario provincial tiene un local donde se venden muebles y pelotas de gran calidad fabricadas por los internos.

Doble turno. Gelos además explica que cada preso elige en cuál taller comenzar. En algunas ocasiones un pedido importante para un área en particular hace que todos los presidiarios se vuelquen a esa tarea. “Aquí también pintamos los vehículos que utiliza la policía provincial, o los refaccionamos. Entonces si tenemos una urgencia, los presos van a trabajar allí. Lo mismo en el caso de las pelotas de fútbol, que las vendemos, en general, a Villa María y Bell Ville. Si tenemos un pedido grande, nos volcamos a eso”.
Por la tarde, al cumplir su turno, los internos tienen escuela primaria, secundaria y hasta un nivel universitario, donde pueden estudiar, por ejemplo, abogacía y licenciatura en letras, entre otras profesiones. Eso es lo que la ley exige. Tienen clases 2 horas por semana y pueden realizar hasta 3 materias por cuatrimestre.
Jorge tiene 56 años, hace 10 años que está preso, y todavía le quedan 10 más. En una condena anterior había cumplido 16 años de prisión. Hoy trabaja en la mimbrería del Servicio Penitenciario N°2 y su sueño es ponerse un local luego de cumplir su pena, en 2021. Todas las manualidades las aprendió en la cárcel, y se siente orgulloso de eso. “Mi familia me va a ayudar a ponerme un local en el centro y poder vender lo que fabrico”, sostiene.
Uno de los casos más emblemáticos de los internos que logran dedicarse y triunfar fue el de Gabriel “la Garza” Funes. Condenado por secuestro extorsivo en 2006, a los 4 meses de la pena pidió una bolsa para entrenar. Allí empezó un camino en el mundo del boxeo que lo llevaría a pelear (y ganar) profesionalmente dentro del penal de Bower (otra cárcel provincial). Hoy en día, Funes todavía sigue preso, pero sostiene que el boxeo le cambió la vida.

Periodismo y huerta. Gelos se mete de lleno en la polémica de las salidas de presos para actividades culturales y sostiene que, si bien no está de acuerdo con ello, todo está previsto. Y agrega que sin autorización de la Justicia no podrían llevarse a cabo.
El Servicio Penitenciario N°2 se encuentra en plena capital cordobesa. Sus instalaciones datan de principios del siglo pasado. Su estructura y la interminable cantidad de rejas dan cuenta de eso. A diferencia de las cárceles actuales mixtas, esta solo es para hombres. En 2005, varios presos se amotinaron provocando 8 muertes y fue la etapa más dura en la vida de la mítica prisión. En la actualidad se está construyendo otro penal de última generación y ya se encuentra funcionando el de pueblo de Bower, un pueblo muy pequeño al sureste de la capital provincial.
Los reos tienen ahora un nuevo proyecto por delante. Están terminando de diseñar una revista realizada por el centro de adicciones que tratará todos los problemas que la droga puede ocasionar en los jóvenes, desde la mirada de aquellos que ya pasaron por esa etapa cuando no se consideraban parte de una sociedad que los excluye y los segrega. Eso es lo que el trabajo en la prisión les muestra, que pueden ser parte desde muchos lugares.
Otro de los rubros que presenta el penal para todos los privados de la libertad es un coqueto vivero que se encuentra a un costado del gran edificio, pegado a la calle lateral, y en donde en una época hasta había venta al público (cuando los presidiarios se encontraban en sus celdas). Allí cuidan las plantas y aprenden sobre las distintas especies. Por otra parte, hay una huerta donde especialistas enseñan a cosechar y producir diferentes tipos de cultivos.
El taller de artesanía en chapas es uno de los más profesionales que tiene el penal. Allí los presidiarios aprenden a construir verdaderas maravillas, y reparan hasta juegos de plaza como toboganes y subibajas que después se instalan en los espacios verdes de la provincia para que la gente disfrute de ellos.

Evaluación. En todos los trabajos que los presos realizan hay un consejo que los evalúa y de acuerdo a su rendimiento y comportamiento dentro del penal, ellos pueden ir “avanzando” a medida que cumplen su condena. Esto quiere decir que se van trasladando a celdas cada vez más cercanas a las puertas de ingreso, para que puedan percibir una sensación de libertad mayor gracias a su buena conducta. En la última etapa, hasta se los puede ver limpiando en la vía pública. Los guardias saben que no hay riesgo alguno de escape, porque en ese caso perderían todos los beneficios obtenidos.
Muchas de las dudas se suscitan sobre los sueldos que los internos perciben -o no- por su trabajo. Si bien podrían utilizar el empleo solamente como un modo de aprendizaje, lo cierto es que los presos reciben el salario mínimo, vital y móvil y por una resolución del Tribunal Superior de Justicia de mayo del 2011 no pueden sufrir ninguna retención ni quita impositiva, más allá de que se han librado muchos debates a nivel nacional acerca de si deben recibir dinero o no por las tareas prestadas.