La hipótesis sobre los sismos en la cuenca Neuquina y la relación con la actividad hidrocarburífera de los últimos años en Vaca Muerta comienza a mostrar otra dimensión en varios estudios científicos que tienen un objetivo: aportar datos geofísicos y estadísticas para identificar si hay zonas de riesgo y realizar aportes a la industria.

Uno de los más completos hasta ahora, que no se ha divulgado, es el de Sebastián Correa Otto, doctor en Geofísica de la Universidad Nacional de San Juan y el Conicet. El científico realizó un estudio desde 2014 hasta 2020 con 11 sismógrafos en la zona de Añelo y alrededores, para verificar el aumento de la sismicidad y la relación con la actividad.

Estamos buscando zonas favorables sismogénicas, son zonas vulnerables. La idea es no trabajar sobre esas zonas o hacerlo con extremas precauciones. No significa eliminar bloques enteros, sino no introducir flowback en esas fallas, abrir los sumideros más lejos donde no haya riesgo en la actividadE”, sostuvo el geofísico.

La tesis en cuestión se denomina “Experimento sismológico en la Cuenca Neuquina, la región de mayor explotación de hidrocarburos por método no convencionales de la Argentina”, y aún no ha sido liberada al público, salvo en divulgaciones científicas. Fue publicada en inglés en la revista Journal of South American Earth Sciences.

Para poder tratar un tema tan delicado es importante contar con información confiable, aprender de otros lugares donde han ocurrido cosas similares, poner en funcionamiento sistemas de control y de respuesta en base a un monitoreo efectivo y completo, y posiblemente evitar pozos de inyección o de fractura en la cercanía de estructuras con potencial sismogénico reconocido. Además, el manejo de riesgo sísmico nos indica que es fundamental capacitar a la población en el comportamiento antes, durante y después de un sismo”, dijo Correa Otto.

El científico contó con 11 estaciones sismológicas de banda ancha instaladas alrededor de Añelo desde 2014 hasta 2020, donde se dedicó a registrar microsismos de menos de 2,5 ML (magnitud local) y menos de 1, fenómenos que llamó “nube de sismos”, con un margen de error de menos de 2 kilómetros. Luego, desde mediados de 2016 hasta marzo de 2020, el geofísico trabajó con cinco sismógrafos, más alejados de Añelo y con un margen de error de seis kilómetros, dedicado a medir sismos de más de 3 ML. En total, las estaciones sismográficas detectaron en cinco años 62 sismos de más de 3ML y, según Correa Otto, “es muy difícil que eso haya sucedido en 40 años”.

“Soy un asesor científico, y en base a lo que he llegado hasta ahora, pienso que hay relación directa entra la actividad y los sismos, solo con ver los estudios. He trabajado duramente en un set de datos importantes, está bien trabajado, lo han visto gente de muchos lugares del mundo y lo que me gustaría hacer es ver dónde son las zonas de riesgo, por el hecho de que la industria pueda trabajar en forma segura, indicó en diálogo con este suplemento.

El trabajo de Correa Otto se complementa con otro informe de divulgación (con menos densidad teórica) que realizaron geofísicos y que ya circula en la revista de la Asociación Geológica Argentina (RAGA), donde ven que un aumento de la actividad sísmica en Neuquén puede detectarse precisamente en las zonas de actividad hidrocargburífera.

El informe lo firman Joaquín Vásquez, de la Universidad de Talca, Chile; Silvana Spagnotto, de la Universidad Nacional de San Luis y Conicet; Laura Giambiagi, del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiga); José Mescua, también de Ianiga-Conicet y de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad Nacional de Cuyo y el Conicet; y Mario Sigismondi, geofísico de la industria.

El procesamiento de los datos obtuvo la localización de 206 sismos, entre noviembre de 2015 y julio de 2020, en la zona centro y este de la provincia entre Cutral Co y Añelo. Comparó la localización del informe con el trabajo del Inpres a los pobladores de Sauzal Bonito, sobre algunos de los movimientos registrados y cómo los percibieron.

El incremento de la actividad sísmica en el sector coincidió con el inicio y la intensificación de fracturamiento hidráulico, lo cual sugiere que la inyección hidráulica dispararía el deslizamiento de fallas previas óptimamente orientadas con respecto al campo de esfuerzos regionales”, plantea este informe.

Un estudio que sigue abierto

Mi tesis trata de poner toda esta metodología trabajada en mejorar el registro y procesamiento de eventos de baja y moderada energía en una zona no sísmica en el sentido tradicional, como lo es San Juan, y combinar los resultados con estudios de gravedad y conocimiento geológico. El objetivo es determinar el origen de la sismicidad y posibles zonas con mayor potencial sismogénico, y su posible relación con las actividades de fracturación hidráulica o de la inyección del agua de desecho”, dijo Correa Otto. “No hablo de absolutos, hablo de hipótesis, de trabajar múltiples metodologías, con datos robustos y confiables, modelados e interpretados respetando la física y la geología. De obtener resultados concretos y confiables que puedan servir a la comunidad”, concluyó el geofísico.

Del temblor a las casas agrietadas

1. La sismicidad en Neuquén se ubica en dos sectores: sismos de la placa oceánica subducida, de profundidad hasta 200 kilómetros, y sismos superficiales, algunos tectónicos y otros asociados a los volcanes como en Copahue.

2. La dorsal de Huincul. Hay varias estructuras y fallas en la provincia que pueden producir sismicidad, de acuerdo con el estudio. Una es la de Huincul, ubicada a los 39° latitud sur de este a oeste en la provincia. Precisamente, es un pliegue donde hay actividad.

3. Desde que comenzó la perforación shale en Vaca Muerta, los habitantes de Sauzal Bonito se quejaron de rajaduras en las viviendas y sintieron los temblores con regularidad.

Fuente: La Mañana de Neuquén