Fotos: Daniela Torta

 

Por: Leandro Vesco. Presidente Asociación Civil Proyecto Pulpería

 

A un costado de la ruta 63 en el kilómetro 9, detrás de un comedor rutero, escondida y atrapada en una burbuja de tiempo está el viejo almacén Sol de Mayo.

 

 

El pulpero.

 

Ni bien uno entra se apersona por detrás del añejo mostrador que acusa más de un siglo, don Santos Anibal Quinteros, propietario del almacén. De riguroso pañuelo en el cuello, bombacha y boina, este gaucho de pura cepa es un personaje que podría estar en una obra de Guiraldes, con mirada profunda y palabras justas, dice “Por nada en el mundo cambiaría esta vida”.

 

Se sienta en una silla y las paredes parecen hablarle en un idioma que sólo él puede comprender. Se lamenta por el estado de una estantería. “El peso de los sifones de soda”, y eso es lo único malo que puede decir de su amado almacén.

 

Está allí desde hace 35 años. Pero frecuentaba el lugar con su padre cuando era niño. “Me traía acá, conozco todo esto desde cuando había más de 20 hombres trabajando en el lugar. Con decirte que hasta había matadero. Sol de Mayo era otra cosa” Sus ojos se pierden en aquel tiempo en el que este paraje era centro de múltiples actividades, hoy sobreviven un club, una escuela, algunas chacras y un puesto caminero policial. “Venían muchos a cazar ciervos y chanchos costeros”. Santos nació a pocos kilómetros de aquí, campo adentro.

 

Como sucedía antaño, el lugar era una posta frecuentada por reseros y carretas que se detenían para aprovisionarse y de paso, bajar a estirar las piernas mientras se apuraba algún vaso. “Acá abajo hay un sótano, lo usaban para enfriar las bebidas” señala debajo del mostrador.

 

La pulpera.

 

Por una puerta, bajo las estanterías con centenarias botellas, acusando la suciedad obligada y las telarañas que deben tener, se presenta su esposa y encargada junto a él de continuar con el legado de mantener con vida este templo de la argentinidad, su nombre es Olinda Haide Moreni. “Me estaba cambiado”, es que para ella el trabajo en el almacén es algo serio y como tal, debe tener un uniforme que consta de una impecable camisa blanca y un académico delantal oscuro. La historia de Olinda vale la pena ser oída y el que se acerca al lugar no puede dejar de pedirle que la cuente.

 

Santos allí se acomoda en el asiento, y orgulloso, pide la palabra. Él quiere contarla. “Nos casamos y a ella siempre le gustó el campo, pero venir acá ya era otra cosa. Allá en el campo estaba tranquila, haciendo sus tareas. No quería venir a trabajar a un almacén donde había que atender a tanta gente. Y la convencí, y ahora ella es la que no quiere irse de acá por nada del mundo”.

 

Olinda mira con admiración su obra: el almacén está perfectamente mantenido, y tiene sólo la costra de polvo que debe conservar. “Una vez vino un fotógrafo de Buenos Aires a sacar una foto y no tuve mejor idea que pedirle a un muchacho que venía a ayudarme que limpiara un poco, cuando vuelvo, ¡le había sacado todo el polvo a las botellas! Vino el fotógrafo, quedó paralizado y dijo: ¡falta la mugre acá!”

 

Allí crió a sus hijos, quienes acompañan a sus padres como custodios de una tradición familiar que perdura a través de las generaciones.

 

La picada mágica.

 

Mientras Santos cuenta la historia del boliche, Olinda invita una picada como sólo en un lugar único y privilegiado como éste se puede probar. “Todo lo hago yo” se enorgullece, el matambre arrollado tiene la misma textura que una manteca tibia, así de tierna es la carne.

 

A un costado de las mesas existe un pequeño museo. “Son cosas que hemos encontrado acá y muchas las van trayendo los clientes” Botellas, herramientas rurales, radios, y hasta un calefón a alcohol que funcionaba hasta hace unos años, entre otras cosas, se pueden ver mientras se disfruta del silencio y la media sombra que deja entrever las cortinas de las puertas, dejando apenas paso a un mediodía que se empecina en develar todos los secretos de Sol de Mayo.

 

Parada obligada de los reseros desde 1888, cuando en el paraje la actividad campera era abundante y los gauchos desensillaban para tomar unas copas y comentar las novedades de este rincón criollo del mapa bonaerense. 

 

Abierta desde aquel año, el viejo almacén se conserva en excelente estado y es un lugar en donde se siente aún esa sensación de estar en los años de las carretas y los facones. Bajo su techo –original- de pino brasileño, podemos comprobar que ciertamente el tiempo es relativo. Sentarse allí y cerrar los ojos es dejarse llevar por las emociones y el aire de ruralidad se adueña de nosotros y es posible recrear un poco la frondosa historia de este almacén que ha acompañado los procesos históricos y sociales del primer partido patrio, Dolores.

 

El almacén fue hecho por Máximo Tony en 1888 siendo su propietario don Francisco Gallastegui, un gallego que vino escapándose de alguna guerra que Santos no recuerda “De esas que siempre hay en Europa”.

 

Sol de Mayo era un paraje con mucha vida, el tren pasaba y aquí mismo trabajaba mucha gente, el campo argentino tenía una vitalidad que se fue desvaneciendo con el cierre de los ramales ferroviarios y el progreso en las tecnologías agropecuarias.

 

“Acá paraba el crotaje –nos cuenta Santos- El antiguo dueño los dejaba estar acá, les daba comida y techo y muchas veces no les cobraba nada. Siempre se trató muy bien a la gente en Sol de Mayo” y esto se percibe en el almacén escondido a un costado de la ruta 63, donde aún es posible disfrutar de un momento de sosiego, mirando cómo la prisa y el apuro, se quedan detrás de la puerta. Allí adentro todo es gozo y bienestar criollo.

 

RESEÑAS

¿Cómo llegar?

El almacén está ubicado en la Ruta 63 km 9.300, a 7 km de Dolores y 23 Km de Esquina de Crotto (es decir de la Ruta 11), a 218 km de Bs As., a 175 Km de La Plata y a 110 KM del Partido de la Costa. Está abierto todos los días al mediodía. A un costado del almacén funciona un comedor de campo, con mesas al aire libre y quincho cerrado, más una matera y un predio arbolado. Teléfonos: (02241) 15-670541/15-686734. Nextel: 668*4820/668*2739, e mail: antiguoalmacensoldemayo@gmail.com  Facebook: Almacen Sol de Mayo.

Historia:

En 1817 se crea el partido de Dolores, separándose de Monsalvo.  En 1839 Rosas divide a su vez el partido en tres: Pila, Tordillo y Dolores. Pero antes de ser Dolores, al pago se lo conocía como “Paraje de los Montes del Tordillo” Alrededor de 1815 en el Paraje Sol de Mayo había establecimientos de avanzada, y en esa época en el paraje se estableció un campamento de prisioneros de la guerra por la Independencia. A unas leguas estaban las Islas de Montes, llamadas del Tordillo, donde había muchos pobladores carboneros.