Por Leandro Vesco

Mark Boyle es economista y pasó muchos años de su vida trabajando dentro del sistema, cobrando un salario mensual y abonado a las necesidades sociales que la vida en la ciudad lo obligaban a seguir, hasta que leyó la frase de Ghandi: “Sé el cambio que quieres en el mundo” y entendió que la clave para la felicidad era desprenderse de los bienes materiales y fundamentalmente, del dinero. Hace 9 años que vive sin él y asegura que ha hallado la felicidad. Conocé su historia.

Boyle era gerente de una empresa dedicada a la comida orgánica, como economista siempre tuvo buenos ingresos, pero también estuvo abierto a conocer algunas ideas anticapitalistas y de la economía en general que le advertían que había otra forma en la que un ser humano se desarrollase en este mundo. Así fue que estudiando la sociedad, reconoció que el peor mal que la aqueja es la indiferencia, y que esta era provocada por el dinero y el consumismo. Darse cuenta de eso lo llevó a decidir, si es que quería seguir dentro de este sistema o alejarse. Se alejó.

Comenzó su experiencia de vivir sin dinero en noviembre de 2008. Perseguir un crecimiento infinito en un mundo finito fue la certeza de que el dinero no sería más necesario en su vida. Se puso como meta un año. Dentro de ese año debería hallar la manera de lograr subsistir sin dinero. Pero el vil metal lo tentó una vez más y en este proceso fundó una empresa de alimentos ecológicos. Pronto se dio cuenta que estos emprendimientos eticamente correctos en la sociedad, no servían. Debía abandonar definitivamente el dinero. 

“Hice una lista con lo básico para sobrevivir. Me encanta la comida, así que eso era lo prioritario. Hay cuatro maneras de tener comida gratis: recogerla de la naturaleza, cultivarla, los trueques o comer de los desperdicios. Si cultivamos nuestra propia comida no desperdiciaríamos el 30% de ella” Se instaló en lo profundo del bosque irlandés en un pueblo conocido como “An Teach Saor” (La Casa Gratis), donde habita una pequeña de comunidad de cincuenta personas que viven alejados del sistema. 

Boyle pasó un año viviendo sin dinero y se hizo conocido en el mundo entero como el “Moneyless man” (El hombre que vive sin dinero) Pasó el año, y entendió que podía pasar otro más hasta que comprobó que ya nunca más necesitaría dinero para conseguir sobrevivir a este mundo. Se dio cuenta que la única pobreza es la espiritual

Irónicamente, son los años más felices de mi vida. Tengo más amigos que nunca, no me he enfermado y nunca he estado más en forma físicamente. Encontré en la amistad y no en el dinero, la verdadera seguridad. Ahora estoy seguro que la mayoría de la pobreza es espiritual, y que la independencia es realmente interdependencia“.

En esta pequeña comunidad sus incorregibles habitantes utilizan el principio llamado “La Economía del Don“, un sistema social en el que cada uno de sus integrantes se intercambian saberes regidos por el principio “quid pro quo“: algo por algo, esta forma de vivir sostiene que ningún ser vivo puede carecer de un principio básico para vivir. Todos sabemos algo que al otro le puede servir, aquel trabaja la madera, este otro la tela y aquel arregla bicicletas. Si se intercambian todos estos saberes en una comunidad, la comunidad no tiene carencias.

Mark Boyle vive así desde el año 2008, en su nueva vida tiene mucho más tiempo para algunas cosas que no podía hacer cuando estaba sometido a las leyes sociales. Escribió su propio manifiesto y un libro llamado “The Moneyless Man: A Year of Freeconomic Living” y luego recientemente editó “Drinking Molotov Cocktails with Gandhi”, en un mundo diseñado para consumir, gastar, ahorrar, consumir, gastar y volver a ahorrar, este economista que halló la forma de vivir lejos de este círculo vicioso quiere transformar el principio de las 3R, Reducir, Reutilizar y reciclar, por: Resistir, Rebelarse y Reasalvajarse. El dinero que le entró por la venta de sus libros los usa para dinfundir esta causa.

En un recóndito rincón del espeso bosque irlandés, Mark vive en un pequeño remolque que consiguió trabajando en una granja orgánica en los primeros meses en los que comenzó esta aventura iniciática, un vecino le enseñó cómo lograr hacerla autosificiente con energía natural renovable. Se baña en el río y usa una bicicleta para trasladarse por el bosque. Con un bidón viejo de nafta se hizo una suerte de cocina y entre todos cultivan su propia comida y hasta han logrado hacer cerveza. Ninguno es pobre.

El economista que se dio cuenta que la indiferencia es el mal de nuestra época, oyó el sutil y atrayente llamado de la naturaleza, y fue hasta ella, dejando todo lo antinatural que nos acompaña a todos los que aún vivimos dentro de este sistema, “son los años más felices de mi vida”, reconoció. Dentro de esa comunidad en la que vive Mark existe acaso el rasgo natural más poderoso que tengamos: la interacción, que es lo contrario a la indiferencia.