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Kitesurf en olas increibles. Solo. Nadie en el agua. El paraiso está a la vista.

 

Dice que está medio viejo y medio gordo. También que competir contra pendejos de veinte lo deja muerto. Queda claro que Tóbal Saubidet tiene sentido del humor. Y también tiene la piel curtida de tanta intemperie. El hombre compite en regatas (es el primero del ránking nacional), es el dueño del único centro-escuela internacional de kite del país, y además organiza viajes por el continente. Todo sea por estar cerca del agua, cerca del viento. Para Saubidet el kitesurf es un estilo de vida.

 

 

El kitesurf sigue creciendo en forma exponencial y hoy es el deporte acuático de moda en el país. Los barriletes de colores ya son moneda corriente en lagunas, ríos y mares de Argentina.

 

Viento favorables.

 

Tóbal navega a vela y compite desde que tiene 6 años. Ahora estaciona la camioneta frente al mar de Pinamar, infla el kite, se coloca el arnés, entra al agua, pega un salto sobre la tabla y sale cortando las olas a toda velocidad. Podrá ser medio viejo y medio gordo…Pero pocos pueden alcanzarlo. En su caso, la experiencia es sabiduría.

Durante el viaje Tóbal cuenta que son 9 hermanos. Todos navegan desde chicos y compitieron por el mundo en distintas categorías de vela: Optimist, Laser, J24. En el 2000 uno de sus hermanos le prestó un kite y le enseñó lo básico, como levantar la vela desde el agua. En aquel momento, Tóbal hacía windsurf.

 

Una de las principales ventajas del kitesurf con respecto al windsurf es que necesita menos viento para navegar. Otra, para nada menor, es el tamaño del equipo: ¡el de kite entra en el baúl del auto! “Me acuerdo que fue un flash. En kitesurf con 12 nudos (de viento), ya salís andando como loco”. A pesar de su experiencia naútica, recuerda que al principio no le resultó para nada fácil.

 

“Para aprender tuve que poner mucho huevo. Me costó muchísimo navegar para los dos lados. A los que quieren empezar, les digo que se aprende, aunque hay que dedicarle horas y horas para tomarle la mano”. El primer equipo lo compró en 2002 y de ahí en adelante su vida cambió por completo.

¡Con precaución!

 

En 2003 Eduardo Costantini fue noticia y no por algún proyecto inmobiliario exitoso. Costantini sufrió un tremendo golpe contra las rocas mientras navegaba en kitesurf en Nordelta.

 

En los comienzos del deporte, los accidentes eran comunes y hasta había fatales. “El kite era considerado de alto riesgo y tenía mala fama. Por los equipos que se usaban, era un deporte para locos. Uno iba atado sin posibilidad de zafarse”. Con el tiempo, los equipos evolucionaron y hoy son súper seguros: cuentan con un “eyector” y si se suelta la barra, el kite deja de empujar. 

 

“No conviene aprender con un amigo porque las medidas de seguridad son fundamentales. Hay que aprender con profesionales”. El barrilete se engancha a un arnés y el kitesurfista no tiene que hacer fuerza con brazos y manos para sostenerlo. Sólo se preocupa en manejarlo. Con el tiempo y la práctica, se adquiere sensibilidad. Si sopla lindo, el barrilete se infla y la fuerza que tiene es impresionante: 
algunos alcanzan velocidades que superan los 90 kms/hora. Y vaya que saltan: el record mundial es un vuelo -sin tocar el agua- de más de 20 segundos.  

“Casi cualquiera lo puede practicar. No hay que ser ni un genio, ni tener experiencia previa en deportes acuáticos” comenta Tóbal. Para practicarlo se necesita: kite (barrilete), barra, arnés, tabla, salvavidas, pita de seguridad y casco. El equipo se consigue usado o nuevo entre mil y tres mil dólares.

 

En el curso básico de aprendizaje se aprende a armar el kite, a despegar y aterrizar. Se aprenden las medidas de seguridad como la desconexión inmediata. “Hoy, haciendo las cosas en forma responsable y con respeto, no se sufren accidentes. Se aprende de a poco, con paciencia”.

 

En busca del viento perfecto.

 

Entre marzo y octubre el viento amaima en el país. Entonces Tóbal organiza viajes a lugares soñados como Chile, Perú, Brasil y el Caribe, entre otros. Cuenta que en Chile hay vientos “que te cagás de miedo”, que en el Caribe le entra al ron con Coca y que en Cabo Verde (Senegal) hay que tener cuidado con los tiburones blancos, “que se morfaron a unos cuantos muñecos”. Los viajes son de entre 7 y 9 días y cuestan entre 700 y 2 mil dólares, de acuerdo al destino.

 

Barrilete cósmico.

 

Dentro del kite hay tres disciplinas: racing, freestyle y olas. Tóbal compite en racing. Las regatas son iguales que las de barcos a vela. La cancha se marca con bollas. Las tablas de racing tienen quillas de 42 cms de largo y entonces no se levantan. Hoy, los más veloces de la región son brasileros y colombianos. Saubidet compitie aunque cuenta que lo que más le interesa es difundir el kitesurf.

 

“Estoy formando una nueva asociación de kite Racing para los interesados en las
competencias y organizar la disciplina en el país ante la Federacion Argentina de Yachting, la máxima autoridad en deportes náuticos”, comenta.

 

 

La primavera, la sangre altera.

 

La primavera en Argentina es la estación más esperada por los que practican kite. Por temperatura pero especial porque es la estación en la que soplan vientos fuertes.

 

Tóbal Saubidet organiza el Rioplatense, un campeonato de kite Course Race que se disputa en el Rio de La Plata, en la Guardería Perú Beach.

 

Del 12 al 15 de diciembre, organiza con diego Tonon el Bariloche Classic, en
conjunto con los hermanos Djapic, “que son lo más de lo más en la Patagonia”.

 

Y siempre da los IKO, cursos internacionales de instructores.

 

Buenos vientos en esta primavera. Vuele, maestro Tóbal, siempre siga volando.

 

Fotos: Archivo Tóbal Saubidet – Isidro Montes de Oca

Más info:
www.tobalkites.com.ar
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