Por Matilde Moyano

Innumerables investigaciones ya demostraron a lo largo de 2015 que los argentinos tenemos agrotóxicos en nuestro suelo, en nuestra lluvia, en nuestros alimentos y también en nuestra orina y sangre. De lo único que no estamos seguros es de cuándo las autoridades van a decidir cambiar este modelo de producción que afecta nuestra salud.

Además de los científicos, también hay artistas que ponen su grano de arena para intentar concientizar a la población sobre la alarmante situación en que se encuentra Argentina, el país que más glifosato consume en el mundo, porque algunas veces el arte nace de la oscuridad. Como lo hizo el fotógrafo Pablo Piovano al recorrer los pueblos fumigados para retratar a las personas afectadas por los agroquímicos, y como lo hace hoy una obra de teatro actualmente en cartelera en Mar del Plata: ‘La Tragicomedia del Niño Sojero‘, la historia de un niño al que le crece una trompa de elefante tras haber sido alimentado a base de soja transgénica y expuesto al rociado con glifosato Roundup de la multinacional Monsanto, sustancia declarada como posible cancerígena por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y prohibida en 74 países.

Hablamos con el autor de esta obra, Juan Santilli, quien escribe y hace teatro desde los 18 años. Juan es oriundo de Necochea, donde la soja avanzó de manera tal que se convirtió en la figura más predominante de su paisaje, por lo que desde chico prestó atención a las denigrantes condiciones de vida y de trabajo de allí, que fueron lo que lo inspiraron a escribir esta obra de teatro y otras como ‘La epopeya del vendedor de alarmas’, una obra que reflexionaba sobre el modo de vida en los pueblos del interior.

“Vivo en una zona donde esta cuestión está muy en la superficie. Es hora de que la gente conozca la problemática de los agrotóxicos y todo el sistema productivo que conllevan, incluso aquellos que viven lejos de las plantaciones. Lo que nos ha traído la siembra directa y todos sus productos ahora se está empezando a ver, más alla de que los productores lo sigan negando, como pasó con las inundaciones y la deforestación”, asegura Juan.

Recordemos que en abril de 2015 un derrame de agroquímicos en Quequén provocó la muerte de Melisa Nuñez, una joven de 19 años. En Necochea, por su parte, en 2013 dos alumnos de la escuela Almafuerte sufrieron una intoxicación por una fumigación aérea, además de que allí es moneda corriente la irresponsabilidad con que se tratan los bidones de los productos deshechados, que se ven en la costa, y que incluso muchas veces son manipulados por chicos. “Más allá de que las empresas se llenan la boca hablando de buenas prácticas, en lo único que se piensa es en la rentabilidad de la tierra de cada uno. Haber crecido en esta zona del país, es de ahí de donde sale este engendro que es el personaje del niño sojero”.

La Tragicomedia del Niño Sojero fue escrita allá por el 2010. En una primera etapa las presentaciones consistían en una serie de lecturas interpretadas por el mismo Juan Santilli, como si fuera un radioteatro leído por una sola persona, en varietes y pequeños teatros de Mar del Plata, Tandil, entre otros lugares. En una segunda etapa y hasta 2013, la puesta en escena fue mucho más grande. Este año, el autor recibió con mucha alegría que un elenco de  la ciudad de Mar del Plata quiera poner en escena su propia versión de la obra.

Con el objetivo de ayudarnos a comprender esta situación actual, el grupo de teatro ‘La Cosa’ de Mar del Plata (donde meses atrás se detectó este agroquímico en la orina de voluntarios de zonas tanto agrícolas como urbanaspresenta esta obra en el Centro Cultural Séptimo Fuego, todos los jueves de enero y febrero a las 21.

“La soja es una planta chiquita, de la familia de las leguminosas (Glycine max), y su semilla es el poroto, una bolita chiquitita. En nuestro país hay 20 millones de hectáreas que producen de esas bolitas, el porotito de soja. Pero los simpáticos porotitos, que ocupan ese espacio no son bolitas de soja cualquiera, son bolitas mágicas. En el año 1996 el granjero Felipe Solá le abrió la tranquera a la soja RR, que significa que las plantas mágicas van a crecer aún cuando se les aplique un fuerte herbicida: El glifosato, pero ojo que no es el único. Para que la soja crezca fuerte hay que ponerle un montón de juguitos mágicos que persisten en el ambiente. Según muchos estudios científicos estos “polvitos mágicos” enferman a sapos, conejos, peces y ratas por igual. ¿Y a los humanos? A los humanos también. ¿Y de quién es la culpa? ¿Es acaso del pequeño e inocente porotito? ¿Es de los hipocondríacos trabajadores rurales? ¿O es del sistema capitalista que con el verso de alimentar a una población creciente nos vende la semilla, el herbicida y nos compra el poroto a precios de regalo en complicidad con los gobiernos que sacan su tajada del pobre porotito redondo y chiquitito?”

Si te interesa conocer más sobre este serio problema que amenaza la salud de nuestra tierra y nuestra propia salud, podés leer las siguientes notas:

El costo humano de los agrotóxicos

 

Intiman a SENASA a que difunda estudios con que habilitó el uso de glifosato

 

Una maestra rural intoxicada y su solitaria lucha para que paren de fumigar

 

Argentina, el país que más glifosato consume en el mundo

 

Someterán a Monsanto a un tribunal internacional

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