Por Damián Damore
 
Un sector de la producción desarrolla nuevos productos para los góndolas de los supermercados argentinos. Zanahorias de colores, un melón de sabor más intenso y una sandía fashion, sin semillas, son algunos de ellos. “Estamos tratando de inyectar al mercado argentino un producto distinto al que habitualmente se consume en el mercado. En la Argentina, el consumo de sandía es estándar; se trata de una sandía grande con un sabor dulce, pero a veces resulta que no es tal. Apostamos a un producto diferenciado en el sabor, más intenso, con otro aspecto. Una sandía más redonda, mucho más chica que las tradicionales y más manejable,¿no? A veces, vemos en el supermercado cómo las mujeres hacen malabares para meter esa fruta gigante en el auto. Esta sandía es además una sandía sin semillas,l o cual hacer al consumo más gratificante y por qué no, más elegante”, expresa Roberto Crino, ingeniero agrónomo de la productora de semillas Nunhems, de origen holandés. 
 
La base para producir estas frutas de diseño es la observación del ADN. “Apostamos a un producto diferenciado en el sabor, mas intenso, con otro  aspecto. Una sandia mas redonda, mucho mas chica que las tradicionales y mas manejable. Logramos una selección natural y limpia, y obtuvimos como resultado unas líneas que en un momento acumulaban un tenor más alto de azúcar en el interior de la fruta. Eso hizo que la compañía desarrollara esa línea como la fashion: una sandía que ronda los cinco o seis kilos, fácil de transportar y de encontrarle un espacio en la heladera. Se trata de una línea estéril, una línea que nosotros definimos como triploide y que la única forma de lograrla es a través de una floración y una fructificación adecuada. Debe suplirse con un polen externo. Ese polen externo lo definimos como un polinizador. Por lo tanto, para hacer una producción comercial, hay que tener una línea estéril y una polinizante. La polinización es natural, a través de insectos, preferentemente abejas”, completa su informe Alejandro Mazo, el colega chileno de Crino que trabaja en la sede regional en Santiago de Chile. 
 
Hay casos excepcionales: en Chile, por ejemplo, bajo la construcción de invernaderos, vimos en esta experiencia también abejorros, con un mejor nivel de producción, pero también de calibre y condición final de la fruta. Como se ve, es un sistema bastante natural y convencional. En Europa también se produce. Es claro que el emprendimiento debe confiar en algo más que los deseos de consumo. La novedad supera el grado de credulidad. Hay varias frutas y hortalizas de este tipo que se comercializan con éxito. En Chile se vende la espinaca de hoja pequeña, ideal para mezclar con queso parmesano. En Estados Unidos ofrecen melones con distinto color de pulpa: un blister con una porción de melón magenta, verde, salmón y amarillo le llega al público en lo que se define como el servicio de manufactura “cuarta gama”, alimentos que para mantener su frescura sustituyen el oxígeno por una mezcla de gases protectores, un paso más en la cadena de trazabilidad.