Galería de Fotografías: Archivo histórico Municipalidad de Esquel.

Por: Fabio Arce*

 

Troperos patagónicos.

En las primeras décadas del siglo XX, en la actual provincia del Chubut se produjeron grandes cambios económicos, políticos y sociales. Las sucesivas oleadas migratorias, provenientes de diferentes latitudes, ocuparon tierras vírgenes aptas para el desarrollo rural.

Así aparecieron las empresas de transportes de carros, quienes constituyeron una verdadera bisagra en el desarrollo provincial. Estas empresas unían extensas distancias tan comunes en nuestra Patagonia.

 

La ocupación de nuevas tierras para la explotación ganadera, trajo aparejado el crecimiento y desarrollo de comunidades, que de alguna manera satisfacían las necesidades de aquellos trabajadores rurales como los propietarios de grandes extensiones, los pequeños productores, los artesanos o los peones. Todos ellos a su vez reclamaban la presencia del Estado peticionando por la instalación de escuelas, oficinas de correos, telégrafos, destacamentos policiales, etc.

Estas empresas de carros trabajaron desde los últimos años del siglo XIX hasta la década del treinta del siglo XX, cuando la construcción y refacción de antiguos caminos, dieron paso a un nuevo tipo de transporte: el automóvil.

 

En “Memorias de un carrero patagónico” de Marcelo Abeijón se muestra cómo se vivía en los territorios patagónicos en las primeras décadas del siglo XX, el circuito comercial que existía entre la cordillera y la costa, y también sobre los diferentes actores sociales que participaron del desarrollo comercial en este período.

 

En “Tecka: una aproximación histórica”, de Ernesto Maggiori, el autor sostiene que esta pequeña localidad en sus primeros años de vida fue escenario de grandes conflictos sociales. En primer lugar, varios caciques de la zona se oponían a la explotación de oro. Otra curiosidad fue el violento escenario de secuestros como el del hacendado Lucio Ramos Otero, que trajo hasta la región al cuerpo de la Policía fronteriza.

 

Todo llegaba por mar. 

 

Con el crecimiento de la población del Oeste de la provincia del Chubut y la conformación de comunidades dispersas, se fortaleció el comercio entre la cordillera y la costa. En el caso de la cordillera el fuerte era la producción de lana y cueros. Allí necesitaban abastecerse de bienes de consumo proveniente de los puertos. Todo llegaba por mar: la mercadería que se producía en el país llegaba en buques a los puertos más importantes de las costas patagónicas.

 

Las empresas organizadas de transportes utilizaban chatas y carros tirados por  caballos, mulas o bueyes. Las principales casas de comercio orientadas a Ramos generales (La Anónima y Lahusen, cuyas sucursales estaban establecidas en Esquel) contaban con tropas de carros propias. La Anónima funcionó en la esquina de Alvear y Fontana y sus tropas paraban en las mazanas de enfrente, en diagonal. En la manzana de Alberdi y San Martín descargaban las tropas de Lahusen que tenía su comercio en Fontana y 9 de Julio, allí dejaban las carretas y pastaban las mulas hasta hacer un nuevo viaje.

A mediados de 1907 Luis Ferrario más conocido como “El rubio catanguero” y Miquelarena establecieron un transporte de tropas de bueyes que unía Esquel con Trelew. Prestó servicios hasta 1911. Una de las tropas de carros tiradas por mulas de más renombre fue la de Juan Croker, Painter y Gough, quien trabajó hasta 1930. Otra tropa de carros destinada al transporte de mercaderías fue la que trajo Victoriano Arrizabalaga en 1921.

 

Además de “vicios”, mercadería en general, cueros y lana en este tipo de transporte se trasladaba correspondencia.

 

Asno cruzado con yegua percherona.

Según Andino Bascour en los primeros años de la Colonia 16 de Octubre- actual Trevelin- y zonas aledañas existía una gran cantidad de caballos y animales de tiro destinados al transporte de carga, él recuerda que para realizar este trabajo se usaba un tipo de mula especial: el asno cruzado con una yegua percherona. Este encastre producía una mula de mayor tamaño ideal para arrastrar objetos pesados.  La estancia Pampa Chica llegó a tener 400 ejemplares destinados a este trabajo. Otro tanto tuvo la Estancia Leleque.

 

Oficios.

 

Durante los viajes que llegaban a demorar entre veinte o treinta días de ida y otro tanto de vuelta, el cuidado de los animales estaba a cargo  de un caballerizo. Si se le perdía algún animal, el caballerizo recorría extensas zonas buscándolo.

 

También estaba la figura del marucho joven que recorría la tropa como mandero. Tenía entre diez y catorce años y era el ayudante general. Con el tiempo podía lograr ascensos.

 

Las tropas de carros tenían a cargo un capataz que era la voz de mando y organizador del trabajo. Bajo su responsabilidad estaba todo el cargamento, la administración de los víveres de la tropa, y la decisión de cuáles eran las mejores huellas por las que transitar. El capataz solía usar una rastra o cinturón ancho con varios bolsillos, guardando en ellos; documentos, guías, dinero y hasta correspondencia; como el correo en estas zonas no existía, la gente aprovechaba para enviar lo que tuviera cuando fuera la tropa.

 

El auge de las tropas de carros creó verdaderos puestos de trabajo: el herrero se encargaba de hacer herraduras para los animales, colocaba y cambiaba las llantas de las ruedas, los ejes y todo lo que fuera de hierro. Los carpinteros siempre tenían trabajo de reparación de las chatas y viviendas del lugar. El talabartero se dedicaba  a la reparación de los  enseres y aperos  de cuero para caballos y mulas. Estas últimas se solían adornar con grandes flecos que colgaban desde el frente de las anteojeras.

Una de las principales tropas de carros en la zona de la costa fue la de Agustín Pujol, compuesta por mulas. Las mulas son mucho más resistentes al trabajo duro que los caballos. Se acostumbran a la escasez de agua y poseen un sentido especial para olfatear el peligro. Marchaban durante el día, deteniéndose al atardecer en los lugares habituales donde había buen pasto y abundante agua.

Además los carros de mulas se deslizaban con mayor rapidez en los caminos que las chatas y las carretas, debido a que las mulas tenían un tranco más vivo que los caballos y que, por supuesto, los bueyes. Además en caso de urgencia podían marchar durante la noche cosa que también podían hacer los carros de bueyes pero no los de caballos por su mayor facilidad de vuelco.

“El único inconveniente que ofrecían las mulas era su terquedad y su facilidad para adquirir mañas; tales como las de no dejarse ensillar, tirarse al suelo…En estos casos no había látigo que las hiciera reaccionar…”

 

*Extracto de su monografía “EL TRANSPORTE DE CARROS  DESDE LA CORDILLERA HACIA LA COSTA”. Docente: Prof. Matías Carelli. Profesorado de Educación Secundaria en Historia Instituto de Formación Docente N° 809
2013.