Lo que comúnmente se conoce como golpe de calor se produce por la pérdida de agua y sales esenciales que el cuerpo humano necesita para el buen funcionamiento. Entre sus síntomas, pueden presentarse fiebre, sed intensa, sensación de calor sofocante, piel seca, dolor de estómago, falta de apetito y náuseas, dolor de cabeza, mareos e incluso desmayo. En los bebés, también puede observarse la piel irritada por la transpiración en el cuello, pecho, axilas, pliegues del codo y en la zona del pañal, más irritabilidad y llanto.

“Para evitar los golpes de calor hay que consumir mucho líquido, preferentemente agua fresca durante todo el día, aun si no se tiene sed”, recomendó Sebastián Laspiur, director de Promoción de la Salud y Control de Enfermedades No Transmisibles de la cartera sanitaria nacional, al tiempo que pidió evitar el consumo de “infusiones calientes, bebidas alcohólicas y aquellas que son muy azucaradas”.

El funcionario además sostuvo que tanto niños como adultos “deben evitar exponerse al sol, especialmente entre las 10 y las 16 horas, permanecer en lugares frescos, y comer frutas y verduras como principal fuente de alimentación”, además aconsejó “utilizar ropa clara y fresca”. Con respecto a los más pequeños, Laspiur destacó que “para los menores de 6 meses, la madre debe ofrecerle el pecho con más frecuencia que la habitual y a los niños mayores de 6 años, aunque no lo pidan, ofrecerles bebidas en forma constante”, indicó.

Si bien cualquier persona puede sufrir un golpe de calor, los más vulnerables son los bebés; los niños pequeños; los mayores de 65 años de edad y quienes padecen enfermedades crónicas, respiratorias o cardíacas; hipertensión arterial; obesidad y diabetes. El alerta amarillo