A través del Plan Nacional de Conservación y Manejo sustentable de la Vicuña en silvestría, comunidades originarias de la Puna jujeña incorporaron técnicas de esquila de la vicuña y se capacitaron en todos los pasos que van desde el arreo hasta la liberación.

Se busca crear conciencia y recursos humanos para que se obtengan un mejor aprovechamiento de la fibra y para que sean los mismos pobladores quienes lleven adelante los planes de manejo. La capacitación incluye tareas de monitoreo, uso de instrumentos indispensables para los relevamientos de animales y la confección de mapas de los lugares tentativos a desarrollar el arreo de vicuñas. 

La decisión de trabajar con las vicuñas en silvestría es consecuencia de experiencias con criaderos que fracasaron, ya que no tienen un impacto en la conservación de la especie y tampoco son rentables. 

El equipo de técnicos trabaja hace dos años en Rinconada y Yavi, a lo que sumó hace poco las poblaciones de Lagunillas y Casa Colorada y ahora atiende un llamado de Cochinoca y Aguas Calientes, también en la Puna.

Un equipo de capacitadores visitó recientemente la comunidad de Lagunillas del Farallón (departamento Rinconada), donde contaron 358 ejemplares silvestres, una cifra que en teoría sería suficiente para intentar una captura que sea económicamente rentable y que permita preservar la conservación de la especie.

Si bien la industrialización del pelo de vicuña se hace en el exterior, hay un experiencia de trabajo con fibra en Catamarca, donde se confeccionan ponchos y otros tipos de artesanías que tienen un valor alto, aunque no tanto como en Europa. Si bien no se pretende industrializar el 100 por ciento de la fibra, sí un porcentaje. Actualmente existe un proyecto del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y la Secretaría de Agricultura Familiar para empezar a hacer cadenas de valor y realizar artesanías en la Puna.

Fotos: Juan Carlos Casas