El yacimiento a cielo abierto más grande del país, Bajo La Alumbrera (Catamarca), cesa sus actividades de explotación de esta manera, aunque pretende pasar a una nueva etapa: extraer minerales en forma subterránea. Desde el año 1997 la mina ha causado contaminación en las aguas cercanas a la localidad de Ranchillos (Tucumán), que desembocan en el Río Salí Dulce. La empresa jamás ha remediado -ni reconocido- dicha contaminación.

Como si fuera una movida de marketing,  Minera Alumbrera Limited e YMAD, propietaria del yacimiento, atenta a la poca recepción social que tiene la minería a cielo abierto, opta por trabajar en forma subterránea, ocasionado igualmente las mismas consecuencias negativas para el medio ambiente. Pero en este caso, bajo tierra.

El Gerente de Relaciones Instituciones de la empresa aseguro que a maediados del año que viene habrá un “cese de las operaciones a cielo abierto. Estamos haciendo estudios para evaluar la continuidad del yacimiento en una etapa subterránea” Donde antes había montaña, hoy sólo existe un inmenso pozo. No conformes con hace desaparecer un cerro, ahora buscan llegar al corazón de la montaña para extraerle hasta la última roca de oro y plata.

Bajo La Alumbrera comenzó a operar en el año 1997, dos años después se descubrieron los primeros indicios de contaminación. Un investigador del Instituto Miguel Lillo de Tucumán denunció “la presunta contaminación detectada en la localidad de Ranchillos, ubicada en el este tucumano, como consecuencia del vertido de efluentes provenientes de la planta de secado de la empresa” Las aguas analizadas dieron resultados contundentes: la mina estaba produciendo “contaminación con cobre y cromo cien y diez veces por sobre lo autorizado por la ley nacional

Más recientemente, en agosto de 2013, el Instituto de Ecología Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA), quien trabaja junto a la Universidad de Buenos Aires y el CONICET hicieron público un informe que mostraba que había rastros de cobre en el Canal DP2 en la provincia de Tucumán, cuya desembocadura se da en el río Salí Dulce, el análisis determinó que “Los efectos negativos del cobre para la salud pública (gastrointestinales) son probables a largo plazo dado la capacidad de este metal de bioacumularse tanto en peces como humanos que consumen la fauna acuática”. La empresa jamás tuvo el menor interés en mejorar su circuito de deshecho de efluentes y durante todo este tiempo trabajó bajo la protección de los gobiernos provincial y nacional.

Los trabajadores de la mina no saben qué sucederá con sus puestos de trabajo a partir del año que viene. Confirmando una vez más lo que sucede con la industria extractivista cuando se instala en una región, sólo deja en la tierra contaminación y desocupación, la ganancia es sólo para los pocos accionistas de la empresa y para los políticos que permiten que estas compañías se instalen en nuestro país, otorgándoles toda clase de beneficios.