Por Carlos Seggiaro

Si pensamos en Cristina Fernández ratificada electoralmente en octubre, mi impresión es que, de cara al 2012, la política económica del Gobierno seguirá, en general, en un marco de continuidad, sin mayores cambios, sin sobresaltos ni grandes sorpresas.
 Creo que hay que descartar cualquier giro fuerte en terminos de política económica. Mi impresión es que actualmente prevalece en el Gobierno Nacional la visión de que los cambios, en caso de producirse, tienen que ser lentos y graduales.
En ese contexto, si repasamos tema por tema, percibo las siguientes tendencias:
 a) Dólar: Seguiremos viendo un proceso devaluatorio como el actual, en cuentagotas. La pauta devaluatoria este año podría ubicarse entre el 8 por ciento y el 10 por ciento. El año que viene podría ser un poco mayor, dependiendo de diversas circunstancias. Un golpe devaluatorio fuerte está descartado. Tampoco está en la agenda ir a un sistema de control de cambios, como algunos rumores infundados han querido instalar en los sectores empresarios.
b) Presión impositiva: No percibo grandes cambios. No veo al Gobierno tocando las retenciones a las exportaciones, ni para arriba ni para abajo. Tampoco modificando el impuesto al cheque, ni permitiendo el ajuste por inflación en los balances.
c) Inflación: Sólo cabe esperar acciones correctivas leves. En ese contexto, es posible que veamos en 2012 algún movimiento ascendente en las tasas de interés en el sistema financiero. Un dólar que aumenta menos que la inflación seguirá siendo un ancla, al igual que este año. No cabe esperar acciones fuertes, porque no hay marco político para ello. La inflación en Argentina seguirá siendo alta por un tiempo prolongado, al menos por dos o tres años más. 
 También cabe esperar que el Gobierno siga adelante con su política de precios administrados, marco en el cual continuará separando en precio interno del precio internacional sobre diversos productos agropecuarios (maíz, trigo, carnes, lácteos, etcétera).
 Un dólar que sube menos que la inflación plantea problemas de competitividad creciente a nivel de diversos sectores empresarios. Aquí visualizo que el Gobierno Nacional planteará una serie de medidas de apoyo para los segmentos más vulnerables, siguiendo los mismos lineamientos que el gobierno de Brasil, incluso en acuerdo con este mismo país. En ese contexto, cabe esperar diversos subsidios y algún aumento en el arancel externo común de algunos rubros.
Me parece importante destacar que es altamente probable que el Gobierno Nacional alcance un acuerdo con el Club de París en los próximos meses. Esto significa que la Argentina saldrá del “Veraz“ en 2012, tras lo cual puede volver al mercado de  crédito internacional. El corolario de este análisis es que no cabe esperar riesgos fiscales en 2012, ni en el financiamiento de las cuentas públicas, ni en el cumplimiento de las obligaciones vinculadas a la deuda.
En realidad, para que la economía argentina se encuentre con un escenario de fuertes sobresaltos el año que viene, debería producirse una crisis a nivel internacional con impactos parecidos a los del 2008/09, cuando se derrumbaron los precios de los commodities a nivel mundial, lo cual no es imposible, pero sí poco probable. El actual contexto internacional puede provocar una corrección a la baja en los precios de los commodities (la soja, por ejemplo), pero no un derrumbe de los precios como en 2009. 
 Mientras los precios de los alimentos continúen siendo favorables para el país, resulta difícil imaginar un escenario de resquebrajamiento de los fundamentos sobre los que descansa el actual modelo económico.
 La economía mundial tiene problemas y los seguirá teniendo, pero mientras no se desbarranque de manera violenta, la Argentina estará lejos de cualquier tsunami, a pesar de todos sus problemas estructurales sin resolver.
Sí, en cambio, el mundo estuviera al borde de una crisis de proporciones bíblicas, la Argentina sería arrastrada también, por una razón muy lógica: Nuestro país es parte del planeta. Pero le asigno una baja probabilidad a este evento.