Por Daniel Vega

María Amelia “La Piñata” Leguizamón se prepara para celebrar su cumpleaños en el viejo gimnasio de box en el que vive con un marido enfermo crónico. Su actividad como boxeadora ha conocido mómentos exitosos que no son precisamente los del presente. Los invitados podrían ausentarse, ese es su gran miedo. Y como se sabe, una fiesta sin invitados no es una fiesta. Ella hará lo imposible para que el auto homenaje que tiene planeado llegue a buen puerto.
En una analogía con aquella Argentina que alguna vez fue gloriosa y todavía espera  volver a ser número uno, esta obra de Ricardo Bartís (segunda parte de la trilogía deportiva que comenzó con “La Pesca” y continuará con “El Fútbol”) bucea y debate entrelíneas sobre los proyectos de un país que no terminan de concretarse. “La Piñata” se hizo a los golpes y varios años después intenta recuperar la gloria de la misma manera, sin ver que la fiesta fiesta puede terminar en tragedia.
Mirta Bogdasarián vuelve a dar muestras de su ductilidad como actriz en un personaje arriesgado y que está permanentemente en el límite de la cordura. El resto del elenco sostiene la tensión del discurso con excelencia. La puesta en escena integra al espectador con la escenografía y resulta imposible no sentirse tocado íntimamente con cada palabra que nos desnuda como argentinos. ¡Vaaamos, vaaamos La Piñata!