Justo frente al puerto de Ushuaia, desde hace 64 años está varado el remolcador Saint Christopher, que llegó al Canal de Beagle para socorrer un naufragio pero quedo encallado aquí, la empresa propietaria quebró y el barco quedó olvidado en el fin del mundo. Debido a su avanzado deterioro, las autoridades locales decidieron lanzar un plan de rescate y revalorizar el buque que será transformado en una Reserva Natural donde podrán anidar aves.

A través de los años, las aves se apropiaron de este barco. En algunos casos anidan directamente y en otros son migratorias. A ello hay que sumarle el componente turístico, porque a diario pueden verse cientos de personas contemplando o fotografiando a estos animales”, comentó a la prensa la directora provincial de Museos y Patrimonio Cultural, Carina Quattrocchi.

Las especies que anidan en el barco son, entre otras, gaviotines sudamericanos que usan el Saint Christopher como refugio, estas aves llegan todas las primaveras. Los biguá también usan los cables tensores del barco para extender y secar sus alas. “También hay otras especies, como garzas brujas, remolineras, gaviotas cocineras, petreles y patos vapor que tomaron al barco como un ambiente natural para nidificar. Es notorio como algo inanimado se fue transformando en un sitio repleto de vida“, explicó Quattrocchi.

En 1954 el Saint Christopher llegó al Canal de Beagle para reflotar al buque alemán “Monte Cervantes“, que se hundió frente al faro de Les Eclaireurs. La compañía propietaria entró en quiebra y el barco quedó abandonado, a pocos metros de la costa de Ushuaia, convirtiéndose en un protagonista más de la realidad en la pintoresca ciudad. Distintas organizaciones sociales y cámaras empresariales de turismo pusieron el foco en el estado de conservación y advirtieron sobre su posible hundimiento.

El gobierno provincial decidió trabajar para poner en valor al barco, que forma parte de la identidad de Ushuaia. El plan de rescate lo hacen en conjunto la Dirección Provincial de Obras Sanitarias (DPOSS) y el Museo del Fin del Mundo. El barco está a apenas 30 metros de la costa, varado sobre el lecho marino con una inclinación de 15 grados. Lo primero que se hizo fue hacer una investigación del barco y del entorno, allí se comprobó la interrelación del mismo con las aves.

“A simple vista hay una enorme grieta en la parte superior del casco, mientras que la navegación por ambos lados mostró que toda la superficie en contacto con el agua está prácticamente destruida”, explicó el presidente de la DPOSS, Guillermo Worman. La zona de cubierta y varios espacios interiores “permanecen en muy buen estado como si el tiempo no hubiese pasado”, remarcó.

En 1954 el barco luego de ayudar al naufragio del Monte Cervantes tuvo problemas en su motor y en el timón. La compañía propietaria entró en quiebra en momentos en que se esperaba el auxilio y el remolcador quedó varado frente a la ciudad de Ushuaia. Fue construido en Boston en 1943 y algunos historiadores aseguran que participó de la Segunda Guerra Mundial, incluso que formó parte del Desembarco de Normandía.