Se trata de agrupaciones que, en medio de la crisis carcelaria y del momento económico crítico que atraviesa el sector cooperativo, se reconvirtieron y ahora fabrican barbijos para ayudar a mitigar el impacto de la pandemia por coronavirus.

Por un lado, la cooperativa textil Ziza está integrada por 23 hombres privados de su libertad en la Unidad N° 6 de la ciudad santafesina; y 9 familiares (8 mujeres y 1 varón) que participan desde afuera, conformando así la primera experiencia con estas características en la provincia de Santa Fe y la segunda en Argentina.

La agrupación nació en 2016, durante un taller de comunicación del Colectivo La Bemba del Sur, donde surgió el estudio del tema del trabajo y cómo interpelaba este a las personas privadas de su libertad, no sólo durante su paso por las cárceles, sino al momento de ser liberados. Luego, desde 2017, estuvo a cargo del Programa “Educación en Cárceles”.

Actualmente, Ziza funciona gracias a la articulación entre la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA), que forma parte de la Confederación Argentina de Trabajadores Cooperativos Asociados (Conarcoop). Tanto Fecootra como Conarcoop respaldaron y asesoraron a Ziza en su constitución y matriculación como cooperativa.

Este año tenían pensado aumentar la producción para generar un ingreso en la economía de las familias. Sin embargo, la llegada del coronavirus obligó a que la cooperativa se reinvente y comience a producir barbijos, para poner en movimiento la fábrica -que estaba parada desde que comenzó la cuarentena- y a su vez proveer de los mismos al servicio penitenciario de la prisión.

Por su parte, Kbrones es la primera cooperativa que nació durante un contexto de encierro, en 2009. Su objetivo es colaborar en la reinserción social a las personas con antecedentes penales. Su referente y creador es Julio Fuque, y en un comienzo ofrecían productos de marroquinería, oficio que aprendieron mientras estaban detenidos.

Con el apoyo del programa Manos a la Obra del Ministerio de Desarrollo Social, adquirieron dos máquinas de coser, una recta pesada y otra poste, una rebanadora de cuero, e insumos necesarios para incrementar la producción. Además, el proyecto pudo constituirse en una cooperativa y obtener la matrícula del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES).

Con los integrantes de Kbrones ya libres en 2009, se consiguió mejorar la calidad de la producción y se especializaron en la actividad textil. Actualmente, confeccionan indumentaria de trabajo, camisas, pantalones y camperas.

En Kbrones encararon, junto a otras cooperativas, la producción de más de 300 mil barbijos en las últimas semanas. “Esto nos ayuda a resurgir después de años de fuerte crisis en la actividad textil y nos empujó a abrir espacios de formación y capacitación para nuestros compañeros y para vecinos del barrio de Barracas, donde tenemos nuestro taller”, aseguró Julio Fuque, quien hoy además es director del programa de Cooperativismo en Cárceles de Fecootra.

Asimismo, el cooperativismo se encuentra atravesando una severa crisis en diferentes rubros, que se agravó desde el inicio de la cuarentena. Desde Conarcoop, que agrupa a 12.500 trabajadores autogestionados de 16 provincias, reclamaron días atrás al Gobierno que los incluya en el Programa de Emergencia de Asistencia al Trabajo (REPRO), tal como ocurre con las Pymes de características similares, ya que en su mayoría están cerradas y viviendo un momento “extremadamente crítico”.

“Existe un acto discriminatorio por el cual las cooperativas de trabajo, solo por tener un formato jurídico diferente al de las empresas con fines de lucro, no fuimos incluidas ni mencionadas en el REPRO”, señaló el presidente de Conarcoop, Ramiro Martínez.