Arías es un pueblo al sureste de la provincia de Córdoba que sufre las consecuencias del monocultivo. Hace dos años que sus campos y caminos están bajo agua. Las principales consecuencias la deben padecer los niños del pueblo, ya que la Escuela Manuel Belgrano hace dos años que tiene agua y no pueden ingresar a la misma. Tienen que dar clases en una casa prestada.

La realidad de Arias es la de tantos otros pueblos de la zona núcleo del país que hace algún tiempo dejó de ser tan productiva, precisamente por haber elegido un modelo de desarrollo que se basó en la siembra directa de soja transgénica, que le quitó, entre otras cosas, la capacidad de absorción al suelo, impidiendo que el agua producida por las intensas lluvias que atraviesa la región no puedan ser absorvidas, quedando retenidas en la superficie. Así es como el sur de Córdoba y Santa fe y el norte de La Pampa y Buenos Aires tienen miles de hectáreas inundadas.

Arias tiene 7000 habitantes y vive del agro, ahora debe pagar por las malas elecciones de aquellos productores que no vieron más allá de sus bolsillos. Verónica Carbonetti, es docente y directora de la Escuela Manuel Belgrano del paraje Campo del Zorro, a 25 kilómetros de Arias. Hace dos años que su escuela está bajo agua. Al establecimiento concurren once niños que han tenido que continuar sus estudios de una manera inadecuada. “Empezamos dando clases en dos estancias diferentes, dos días en una, tres días en otra y después unificamos un lugar para que todos pudieran asistir y no perder días. Nos prestaron una vivienda” comentó a Radio Universidad la docente, quien con la ayuda de los padres lograron sacar algunos muebles de la escuela, pero gran parte del mobiliario quedó bajo el agua, perdido para siempre.

Por más que sean once chicos tienen todo el derecho a recibir la educación y a recibirla todos los días y con el tema del agua se han perdido muchos días de clase”, detalló la directora que expresa su bronca contra el Ministerio de Educación de la provincia: “Desde enero hasta ahora no hay novedades” Sin tener ninguna respuesta estatal, un productor de la zona les presta una vivienda para que los niños puedan continuar estudiando. Para los políticos la realidad que viven estos once niños no justifica ni siquiera un llamado telefónico.