Se trata de una especie nueva, cuyo nombre científico es Sporophila iberaensis, y que fue descubierta por los investigadores del Conicet Adrián Santiago Di Giacomo y Cecilia Kopuchian dependientes del Laboratorio de Biología de la Conservación del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal).

Los capuchinos son un grupo de aves endémicas de Sudamérica, de pequeño tamaño, que alcanzan ocho gramos de peso y habitan en los pastizales y humedales mesopotámicos, según indica la investigación.

Estas aves se alimentan de semillas de gramíneas nativas y son migratorias, ya que durante la primavera y verano se reproducen en los pastizales de Corrientes, especialmente en el Iberá y sus proximidades y luego migran hacia el norte, hasta el centro de Brasil y el este de Bolivia a pasar el invierno.

La categoría de monumento natural que le dio la Legislatura correntina al capuchino Iberá implica una “protección absoluta“. El proyecto fue presentado por el defensor del Pueblo de la Provincia, César Vallejos Tressens.

De esta manera, la norma establece que “se dispongan y tomen medidas tendientes a profundizar su estudio y el de su hábitat, para asegurar plenamente su conservación, evitando que por falta de medidas adecuadas se produzca su extinción“.