Por Sonia Renison. Redactora Especial a cargo de Viajes y Turismo.

Para un porteño eso de vivir de cara al río puede resultar una frase hecha. Pero cuando se llega a Corrientes capital la comunión entre la ciudad y el río Paraná que baña con su caudal potente toda la costa deja de ser un deseo ese diálogo entre el cemento y el agua.

Esta ciudad que le debe su nombre al español Juan Torres de Vera y Aragón que llegó aquí en 1588, para bautizarla San Juan de Vera de las Siete Corrientes. En esta esta misma costanera es el paso obligado de día o de noche, más en verano, cuando la brisa desde el río hace que olvidarse un poco del calor. Al fin de cuentas, cuando se elige un sitio para descansar, las dudas sobre el clima, calor o frío, sobre las comodidades o simplemente opciones de mar o montaña, cambian para las almas viajeras que buscan lugares nuevos para conocer.

Se trata de eso. De vivir una experiencia y la Mesopotamia argentina que cobija al territorio correntino tiene como eje el calor. Tierra guaraní y de gauchos bravos, la ciudad capital reserva también su “payé”, como se le dice a la misteriosa magia de esta tierra en la lengua guaraní.

Sonríen los correntinos cuando el visitante se sorprende porque en cada bajada a la playa donde se extienden los balnearios, el agua es transparente y la arena clara, como la que uno acostumbra a ver en Capital Federal cuando está en una construcción. Suave, perfecta, limpia. Es imposible descender por las escalinatas y tocar esa arena sin descalzarse. Y no importa la altura del año para mojar los pies en el agua. En los últimos tres años, se ha modificado su fisonomía. La costanera hoy está libre, dando una imagen más impecable aún.

Cruzando la avenida, la oferta recorre todos los gustos. Desde la arquitectura hasta la onda. Pero siempre con cartas que ofrecen la pesca del día. Y si no es comida, lo de la pesca se ha transformado en un importante atractivo para los extranjeros que llegan a la Argentina en busca de paraísos de la pesca deportiva (con devolución) en especial a la Patagonia con su marco inigualable de paisajes, bosques y lagos. Pero fue el “Tigre de los ríos” como le dicen al dorado, el pez por excelencia en estas aguas, el que de a poco está ganando el corazón de los deportistas. Porque lo que buscan es su esencia luchadora, por su indómita resistencia a ser atrapado. Lo cierto es que aquí, la vida junto al río muestra en realidad, la gente común que rema hacia algún recodo para pescar y para dejar que la tarde ocurra lenta.

La capital correntina esta organizada para que ni bien uno llega pueda conocer su río. Así es que una de las opciones es embarcarse con los botes y lanchas de Pedro Canoero, los pioneros en realizar estas excursiones; en dos horas uno llega a la costa de enfrente y, por riachos, se sumerge en este mundo de verdes que balconean sobre el río para arribar a la costa chaqueña, los vecinos, de Resistencia.

Una de las postales nocturnas, es el puente Manuel Belgrano que los une, iluminado, devuelve una imagen de brillo a esta porción de la Argentina. A quiénes les gustan las anécdotas históricas, hay una que hasta hoy explica por qué le dicen “República de Corrientes”. En el momento en que la Argentina decide ir a la guerra contra el Paraguay, son los correntinos los que advierten que si Argentina lo hace, la república de corrientes lo va apoyar. Lo cierto es que cuando llega por primera vez a esta ciudad, le extienden un pasaporte, con su nombre a modo de bienvenida a la República de Corrientes.

Tierra firme

Cuando dejamos el río y caminamos por sus calles encontramos esto: entre viejas casonas coloniales y edificios de diseño arquitectónico actual, se llega hasta uno de los sitios que ya se transformó en una marca local: La Alondra. Era la antigua casona donde residía una familia tradicional y sus descendientes la restauraron combinando su
aspecto colonial con un exquisito diseño interior. Pero desde el ventanal enorme que separa el hoy restaurante con el patio interior donde se extiende una piscina, cada rincón mantiene el encanto de antaño. Así, el pasillo que conduce a las habitaciones originales de la casona, hoy de huéspedes, exhibe fotos en blanco y negro, de distintos eventos donde participaron los dueños un siglo atrás. Un estilo, una forma de vida de la belle epoque correntina.

La Iglesia de Los Milagros, donde se guarda una reliquia de una cruz de madera que se presume hace referencia al escudo de la provincia es parte de un recorrido que incluye el Museo de Bellas Artes y el Teatro oficial Juan de Vera. Cerquita del Vera, casi donde el río hace una curva, vive una gloria guaraní, el autor, recopilador, cantor e historiador, Gonzalo del Corazón de Jesús “Pocho” Roch.

Pero lo que todos tienen que saber, es que desde Corrientes capital y a menos de dos horas de viaje, se llega a uno de los nuevos portales de los Esteros del Iberá. Es que son más de 10 municipios en los 1.340 kilómetros que significan los esteros en esta provincia y unos 8 pueblos y 16 parajes los que conviven con esteros. Entre establecimientos ganaderos y dedicados a la agricultura, la idea de una “Ruta Escénica” que une todos estos sitios, permite hoy que desde Corrientes capital, se pueda acceder a una entrada nueva, con servicios mínimos para disfrutar de esta violenta naturaleza pura que ofrecen los esteros. Hay que ir y probar. Para saber si es verdad eso de que Corrientes tiene payé.