Por Eduardo Bustos

La tarde fresca que se instala sobre el Predio Ferial de Palermo, donde la Sociedad Rural Argentina organiza cada año su exposición ganadera no es un impedimento, para que los cabañeros y sus ayudantes, algunos en alpargatas y bombacha de campo con sombrero alado y, otros con botas de goma y mameluco, trabajan sin cesar preparando cada uno de los ejemplares de las razas vacunas más tradicionales de la Argentina que concursaron en los diferentes campeonatos durante diez días.
El Pabellón Amarillo de La Rural es el lugar donde se alojaron más de 1.500 bovinos y el patio trasero, por unos cuantos días se convirtió en el espacio obligado donde se bañaron con materiales especiales a los ejemplares que luego fueron expuestos al severo ojo de los jurados, para elegir los campeones en todas las categorías.
Mangueras, máquinas para cortar el pelo y secadores eléctricos, cepillos, turbinas de venteo y hasta peines de acero son las herramientas que con sus típicos sonidos forman parte del escenario que cada año se arma. Alejados de la mirada de los visitantes, crean un clima de intimidad en el cual son pocos los protagonistas que tienen la posibilidad de ver de cerca la tarea de estos amigos del campo, que comparten esa rutina cada día de su vida por décadas enteras.
Entre ellos se encuentra también Mario Vincenti, un paisano de 41 años nacido en Saladillo, Buenos Aires, y su actual residencia está en la provincia de Entre Ríos. Desde muy pequeño fue wwwigo de esa tarea y desde los quince años protagonista privilegiado de la preparación de cada candidato a llevarse la cucarda celeste y blanca, la de Gran Campeón macho o hembra, según corresponda. Es el peluquero de los vacas.

Corazón valiente. “Desde muy chico acompañaba a mi papá a los campos, me gustaba ver cómo preparaban a los animales en las cabañas para las muestras, poco a poco me fui entusiasmando con la idea de convertirme en el peluquero de las vacas. Esto uno lo va mamando día a día”, asegura. Pero su gran sueño se terminó de concretar cuando años atrás viajó a los Estados Unidos, donde permaneció un año y medio para capacitarse, al punto que hasta tuvo la suerte de trabajar en el rancho del reconocido actor y director Mel Gibson, en el estado de Montana, donde logró mejorar su conocimiento como peluquero de las vacas. A partir de allí, conoció el mundo, para dejar su impronta en Uruguay, Paraguay, Chile, Perú y Sudáfrica.
Su actividad está repartida en la preparación de los animales que se exponen en Palermo y en distintas exposiciones y es contratado por criadores de Angus, Hereford Polled Hereford, Shorthon y hasta Brangus. Este año le tocó atender de 30 a 40 animales. La tarea desempeñada por Mario no es fácil, porque debe lograr que un animal preparado sea lo suficientemente elegante para atraer la atención del jurado y por supuesto de la gente que se encuentra en las tribunas que aprueba su trabajo con el aplauso.
“Mi tarea es embellecerlo lo mejor posible, disimular los defectos del pelaje y darle e volumen que ese animal necesita para presentarlo en la pista, lo cual implica buscar la forma en que quede mejor parado, lograr que estire el cogote, para llamar la atención del jurado constantemente”, define. El trabajo de preparación de los animales antes de ingresar a la pista no es menor. En el caso de las hembras se debe destacar las cabezas, que se vean muy lindas, orejas chicas que mantenga una línea, muy carnuda y si tiene cría al pie, lo fundamental es mostrar una muy buena ubre que en la pista significa poseer habilidad materna  y que cría muy bien al ternero. En el caso de los toros, entre otros aspectos se evalúa el desplazamiento, la forma de pararse o la circunferencia escrotal. Pero su trabajo hay que verlo en vivo, como el de un verdadero coiffeur.