”Acá mismo, en Puerto Quilla, teníamos 40 barcos y en total llegó a haber unos 140 en los años 90, todos para la pesca del calamar”, dice James Lewis, un ciudadano nacido en Malvinas radicado aquí y que guía a El Federal por un paseo en la costanera de Puerto Santa Cruz. Alguna botellita de plástico hay por ahí, pero James aprovecha la volada y va juntando lo que afea la costanera, que luce su línea de farolas redondas añadiendo al paisaje costero un aura impecable. Si uno se detiene sobre la playa de canto rodado que se desliza en suave colina hacia el mar, puede trazar una línea imaginada en zigzag uniendo las barcazas que yacen en la costa. Y contar varias historias. “El Santa Cruz, el remolque, la chata viejita que acarreaba lana hasta los barcos que estaban mar adentro y un chatón”, enumera James y marca con su dedo hacia el mar, en el preciso sitio donde se junta el agua dulce y el agua salada que dibuja una rayita de color oscuro. El estuario de la desembocadura del río Chico y río Santa Cruz se puebla de toninas y luego se abre y sale hacia su encuentro con el océano.
Mientras ruedan las historias, hay un hombre que se acerca al trote y al paso. Y se detiene. Se saluda con James y pregunta qué hace El Federal por allí. Es Abel Santos Oroz, de 90 años. En diferentes horarios sale a recorrer la costanera para hacer ejercicio. Y a pesar del frío no se amilana. Sonríe. Fue ahijado de Perón, por ser el séptimo hijo varón aunque es de familia radical. Y su esposa, de apellido Varela, de la cual todos se apuran en aclarar que nada tiene que ver con el teniente coronel Benigno Varela, quien dirigió los fusilamientos de un millar de peones en 1920, hechos fatídicos que el cine inmortalizó en el film “La Patagonia Rebelde”. Es más, la familia Varela fue una de las pioneras de estos lares cuando se instalan y fundan la estancia El Vapor.
Casi todo aquí remite al agua. Es que además, hacia 1520, la nao Santiago, al mando de Juan Rodríguez Serrano, quien formaba parte de la expedición de Hernando de Magallanes, llega hasta aquí el 3 de mayo de aquel año, cuando en la liturgia se conmemora el Día de la Santa Cruz y bautizan a este sitio con este nombre. “La nao encalla y dos de los tripulantes se dirigen a pie hasta Puerto San Julián donde se hallaba Magallanes para darle las novedades. Luego son rescatados y siguen navegando hacia el estrecho que hoy conocemos como Magallanes”, apunta James y cuenta que esta zona, con el estuario de los ríos Santa Cruz y Chico era casi el único con agua dulce y además había salinas donde se instala el comandante Luis Piedra Buena que explota la sal y la comercia en Malvinas. Pero esta es otra historia. Lo cierto es que los navegantes de silos pasados recalan en sucesivas expediciones, como en 1834, la embarcación Beagle, con el naturalista Charles Darwin y al mando del capitán Fitz Roy pasaron por aquí al igual que otros navegantes, Antonio Viedma, Jorge Musters, Loaiza, Elcano, Cavendish y Drake. Y hacia 1862 desembarcan misioneros anglicanos que llegaron a bordo de la goleta Tilton. Se instalan en el cañadón ubicado al oeste de la ciudad, al que se conoce como Cañadón de los Misioneros y su misión de evangelizar a los tehuelches no prospera y se retiran en menos de un año de la zona. Hacia 1872 llega Ernesto Rouquad y su esposa y sus nueve hijos que se dedican a la industria de la grasería.
Y hay otra perla, como la que encabezó el perito en límites, Francisco Pascasio Moreno, y que todo patagónico lleva en el alma. Es que el perito Moreno llega a Monte León hacia 1876 y comprueba la existencia de un campamento de extracción de guano, algo así como el petróleo de la época, luego sube hacia Isla Pavón para embarcarse en una travesía remontando el río Santa Cruz hasta el Oeste, donde está el lago al que bautizó como lo conocemos hoy, lago Argentino en El Calafate. Esta travesía es pasión de multitudes, cada febrero un centenar de nautas se reúnen aquí y tratan de remontar el río que por los vientos, sus corrientes y, por momentos, la poca profundidad, es una misión imposible.
Lo cierto es que el primero de diciembre de 1878, llega a esta zona el comodoro Luis Py y tras enarbolar el Pabellón Nacional y reafirmar de este modo la soberanía argentina al sur del río Santa Cruz. Tres meses después, estalla la Guerra del Pacífico, conocida como la “guerra del guano” entre Chile, Bolivia y Perú. El entonces gobernador del Territorio Nacional de Santa cruz, Carlos María Moyano, informa de las características de la ciudad como posible capital provincial que lo pasa a ser en 1884. A la renuncia de Moyano asume Ramón Lista, quien narra la historia, sin pedir autorización traslada la capital hacia Río Gallegos. Pero nada le puede quitar a Puerto Santa Cruz la estirpe de ser la Capital Histórica de Santa Cruz.