Obedezco a mis impulsos creativos. Toda regla me entristece; creo en mis entrañas”, escribió hace unos años en una de las paredes del Centro Cultural Recoleta, donde colgó una muestra con sus obras. Y esa frase hecha máxima parece mandarle las manos a Daniel Herce, el hombre que llegó de España en 1990 con una misión: pintar un mural de 22 metros por dos. “Cuando lo estaba haciendo pensé que así quería vivir el resto de mi vida”, dice que dijo entonces este artista plástico argentino. En aquel país desde el cual va y viene a su Buenos Aires, se metió en los detalles de los materiales que aquí no había usado. En eso está, dirá Daniel, la clave de su evolución.

 

 Mercado y sudor.  Daniel pulsa el teclado de la computadora que tiene en su casa del barrio El Raval, frente al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, para responder al pedido de El Federal. Titila el cursor de su monitor en un ambiente donde manda el color: pomos a medio terminar, cerdas con colores mezclados y cuadros que esperan el toque final que, tal vez, nunca les llegue. Porque así es el arte: la obra dice cuando está lista.

-En tus obras parece que apuntaras a una universalidad en la que no se distinguen rasgos geográficos. ¿A qué patrones identitarios crees que se ajusta tu trabajo?

-Creo que lo que distingue mi obra fundamentalmente es la vibración del color, el uso del espacio y un personaje antropomórfico que aparece en muchos de mis trabajos.

-¿Te planteaste la disyuntiva de estar creando obras para el mercado?

-No creo en esta disyuntiva. Las necesidades de creación son otras, generadas en un lugar más interno del artista. Crear es sacudir la inercia y aportar algo propio y nuevo. Y es así como se convierte en algo genuino, auténtico. El resultado puede ser malo, regular o bueno, pero en cualquier caso es arte. El tema del mercado surge después. Me interesan todos los aspectos que rodean a mis obras como su circulación o cómo mejorar su proyección. Pero siempre en una etapa posterior a la creativa. Lo más parecido a esa disyuntiva de la que hablas lo viví ante una obra por encargo. Al principio apareció la complicación de pensar en el interés del cliente. Lo pude resolver de la siguiente forma: la obra la pinto para mí y en el hipotético caso de que al cliente no le gustara siempre podría repetir el intento.

-¿Cuánto de sudor y cuánto de inspiración tiene una obra de arte?

-He leído alguna vez: “Es verdad que tengo muy buena suerte cada vez que entreno mucho”. Es a través del trabajo como se va formando el criterio del artista: piensa, siente e intuye su obra a través de su realización. Generalmente, una obra va llevando a la siguiente y es así como aparecen las series o desarrollos. Este trabajo no es sólo la acción de pintar. El artista trabaja con su mundo interior. Es parte de él el ocio creativo, la lectura, el tiempo que pasa sin pintar en el estudio, pero observando, meditando, pensando o escribiendo y es esto lo que acaba trayendo la inspiración.

 Pintar lo inasible.  Tal vez sea materia de análisis psicológico o un sencillo ejercicio de argentinidad: Daniel Herce nunca tuvo residencia en el exterior, a pesar de que ha colgado muestras de pinturas en New York, de dibujos en Madrid, instalaciones conjuntas o individuales en varias ciudades de Holanda, cuadros en Barcelona, donde lo hizo por primera vez, a los 22 años. En todos los materiales, en todos los impulsos, son las nebulosas de lo abstracto el material del que se alimenta.

-Un pintor argentino me dijo un día que la gente se pasa horas viendo Las Meninas y, al contrario, pasa de largo cuando observa obras de arte abstracto. ¿Qué pensás de eso?

-Si alguien disfruta observando horas las Meninas, está muy bien. Gusta de un tipo de arte. Hay muchas personas que no van a ver exposiciones. La importancia del arte contemporáneo está en que habla de nuestra época. Lo que tiene en común la pintura desde el paleolítico hasta hoy es que toda imagen pintada anuncia y comunica algo. Lo que anuncia es “yo he visto esto”. Es importante tener nuevas experiencias, sentir lo que los artistas viven hoy y no perder la capacidad de asombrarnos con cosas nuevas. El arte contemporáneo es, en algún aspecto, liberador: no emplea determinados códigos para poder interpretar una obra y ahí reside el gran cambio. Una persona debe pararse ante una obra de manera libre, con la mente en blanco e ir experimentando lo que le sugiere y lo que va sintiendo. El observador, en esta instancia, ocupa el lugar del artista y de esta forma completa la obra.

-En lo que a mí respecta, que soy un declarado ignorante del arte, tomo elecciones básicas. Voy a los cuadros que me cuentan algo de una realidad que pueda representarse en figuras que me sean conocidas y me despierten una emoción. ¿Cómo logra la empatía el arte abstracto?

-El hombre es producto de la cultura, que a la vez es producto del hombre, que es a su vez producto de la cultura. Cualquier arte, cuando toca una emoción justa, toca todos los públicos. El arte abstracto logra empatía con los mismos elementos que lo hace una obra figurativa: color, forma, línea, expresión, espacio, originalidad y composición. Es una forma de expresión más musical y poética que no necesita la anécdota o representación de algo exterior. Sería la música sin la letra de la canción. Son distintos canales de entrada de las emociones pero con el mismo destino.

 

  Lo que la vida nos da.  El monitor lleva un rato prendido y Daniel tiene que volver a los cuadros. Lo sabe, pero las respuestas lo entusiasman. Mira por la ventana, donde el sol rebota contra el frente vidriado del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, y ordena algunos pinceles; los tachos lucen ahora más ordenados, pero no tardarán en vaciarse para volver a desordenar todo. Le queda una frase final: “Creo que el amor y el arte es lo que da sentido a vivir la vida. Es transmitir, buscar, encontrar, sentir. Imaginemos una vida sin música, literatura, danza, pintura, cine. ¿De qué hablaríamos? ¿Qué nos daría vida a la vida? Siempre creí que hay que tirar por la borda esa idea de que está todo inventado. Para esto es fundamental la educación, dando lugar a la imaginación, a lo creativo, al goce, fomentando el entusiasmo y la vocación, ya que creo que como sociedad, después de tener las necesidades básicas cubiertas, es donde debemos poner el mayor cuidado. Estos nutrientes tendrían que estar presentes desde el primer ámbito colectivo social, que es en el jardín de infantes, donde comenzamos una experiencia vital con todas las posibilidades. Los niños son la semilla. Van Gogh le recomienda a su hermano: “Encuentra bello todo lo que puedas. La mayoría no encuentra nada lo suficientemente bello”. Por eso creo que hay que buscar en la dirección positiva. Mi mensaje es: transmite tu ángel.