Hay un desarrollo que fue exhibido durante marzo en el Festival de diseño de Reykjavik, capital de Islandia, que resulta muy prometedor y podría ser una de las soluciones al problema de la contaminación por parte del plástico que puede tardar más de mil años en degradarse.

El origen de esta innovación consiste en una pregunta que se hizo un estudiante de diseño: “¿Por qué utilizamos materiales que tardan cientos de años en descomponerse en la naturaleza para beber de una vez y luego tirar a la basura?

Ari Jónsson se dedicó a buscar un material alternativo al plástico PET y encontró que una posible solución podría ser el agar o agar-agar, una gelatina que se obtiene de distintos tipos de algas que es muy utilizada, por ejemplo, en alimentación, con la que creó una botella.

Muchos de los envases que se comercializan actualmente tardan miles de años en descomponerse y, en caso de llegar al océano no solo generan contaminación, sino que además dañan a los animales marinos, ya que es frecuente que se enreden con los plásticos o, directamente, se los coman, obstruyendo su sistema digestivo e impidiendo que puedan alimentarse.

Mientras tiene agua en su interior, esta botella conserva su forma. Pero a medida que se vacía, comienza a descomponerse rápidamente.

Este desarrollo aún se trata de un prototipo y por el momento fue fabricada de manera artesanal y con materiales orgánicos y naturales, sin ningún tipo de procesado ni de tratamiento.