Por Leandro Vesco

Serge Latouche propone vivir mejor con menos. Profesor emérito de Economía en la Universidad París-Sud, es una de las voces mundiales del llamado movimiento por el decrecimiento, nacido en los años 40. Promueve el concepto de defender la sobriedad en la vida y la preservación de los recursos naturales antes que su agotamiento. A su juicio, si el decrecimiento no es controlado “el decrecimiento que ya estamos experimentando” será consecuencia del hundimiento de una forma de capitalismo insostenible, y además será desmesurado y traumático.

Critica el desarrollo sostenible, además afirma que el término decrecimiento es un eslogan, “una bomba semántica provocada para contrarrestar la intoxicación del llamado desarrollo sostenible”, una forma de pensamiento, la sostenibilidad, extendida por el economicismo liberal de los años ochenta, y que propicia pagar por todo, “por ejemplo, en el caso del trigo, obliga a pagar por los excedentes, por su almacenamiento y también hay que pagar por destruir los sobrantes”. “Deberíamos hablar de A-Crecimiento”, dijo como una invitación hacia la reflexión sobre nuestro estilo de vida.

La gente feliz no suele consumir, reflexiona Latouche. Un pensamiento revolucionario en sí que plantea absolutamente un cambio de paradigma para el desarrollo cotidiano de la sociedad capitalista actual en donde las alternativas de consumo parecen ser ilimitadas, orientadas hoy en los niños, futuros consumidores de cuanta porquería fabrique en serie el mercado en cualquier parte del mundo. 

Desde su punto de vista: “Vivimos fagocitados por la economía de la acumulación que conlleva a la frustración y a querer lo que no tenemos ni necesitamos”, lo cual, afirma, conduce a estados de infelicidad. “Hemos detectado un aumento de suicidios en Francia en niños”, reveló. Sus números le dan la razón: cada año hay más habitantes en el planeta a la vez que disminuyen los recursos, sin olvidar que consumir significa producir residuos, cada año se consumen 15 millones de hectáreas de bosque “esenciales para la vida”.

Para Latouche, cual cualquier tipo de escasez, alimentaria o de petróleo, conducirá a la pobreza de la mayoría y al mayor enriquecimiento de las minorías representadas en las grandes compañías petroleras o agroalimentarias.

La solución que plantea es ponerle límite al crecimiento, es decir, decrecer. Para llevar a cabo esto se debería trabajar menos y repartir más el empleo para cultivar más la vida. Además de consumir menos, la sociedad debería consumir mejor, produciendo cerca de donde se vive, para disminuir el tráfico de camiones en las rutas, cuidando el medio ambiente. Latouche acostumbre a recordar la obra de Séneca, padre de los estoicos, quien escribió: “No se obtiene la felicidad si no podemos limitar nuestros deseos y necesidades”.