– ¿Cómo caracterizaría, en su calidad de académico, la definición de candidatos en las listas del oficialismo?
– Tenemos indicios importantes de que Cristina Fernández está intentando una construcción política, algo que en el kirchnerismo no fue preocupación de Néstor Kirchner. Uno podría decir que Néstor era el director de la escudería, pero los autos que corría en su gran mayoría no eran propios. Porque venían del peronismo tradicional, de la centroizquierda, del Frepaso, de los transversales… Y cuando uno tenía la dicha de preguntarle a Kirchner, él conwwwaba que estaba viviendo un momento de emergencia. Y se veía en él, también, una vocación de respetar lo territorial, quizás porque fue gobernador antes. Pero me parece que con Cristina Fernández hay una idea de trascender ese esquema, por supuesto con las inercias de haber gobernado ocho años de una manera. Un esquema de poder creado en cooperación entre el matrimonio presidencial y sus colaboradores más directos. En ese contexto es una novedad esta irrupción de jóvenes, estos ascensos y descensos que se están dando. Tipos que fueron muy importantes en la política que ya no figuran, o no se renuevan. Hay chispazos, como suele ocurrir cuando uno ve que hay cambios… Uno ve una vocación por crear una masa crítica propia de primeras figuras para ir al Congreso.
– Algo anticipó la Presidenta cuando se definió como un puente entre dos generaciones…
– Totalmente. Entonces, por un lado, hay una renovación generacional. Por otro, una renovación política, porque esa gente no viene explícitamente del peronismo. Y en tercer lugar, hay una especie de revalorización del Congreso, y yo creo que esto tiene que ver con los mismos desafíos del éxito del kirchnerismo. El Congreso que se renueva este año es el que fue elegido en 2007, cuando ella llegó a la presidencia. Es la mitad del 45 por ciento para Cristina. Y queda, hasta 2013, la otra mitad, la de la derrota. Por lo tanto, si Cristina saca valores similares en octubre, heredará este mismo Congreso, sin ningún tipo de mayoría en diputados, y una situación muy sinuosa en senadores. Lo que ella busca con esas listas es integrar la cancha.
– ¿En qué cree que pensó la Presidenta al incluir o excluir gente de las listas?
– En la situación que se vivió después de la 125, y en cómo no tener una fuerza realmente propia también significó muchas huidas e inestabilidad. Ahora Cristina está apostando a tener un núcleo muy fuerte, y muy leal, en el Congreso. Un núcleo duro desde donde negociar. Y obviamente, tratar de asegurarse ciertas decisiones que tienen que pasar por el Congreso.
– Néstor era pragmático. Pegaba para negociar. Cristina es una principista dura. Cuando toma una postura, parece difícil convencerla de lo contrario.
– Sí, pareciera ser que ella es una persona que tiene definiciones claras en un rumbo definido, lo que nos permite anticipar cierto momento del conflicto político. Es una línea que trata también de generar una fuerza política. El antecedente de esto fue Raúl Alfonsín. Eran otros tiempos, Alfonsín tenía otras herramientas partidarias, porque el partido estaba mucho más consolidado y se apoyó en los jóvenes, que venían organizados de una manera incomparable. No se puede comparar a la Coordinadora con La Cámpora. Pero estamos en una época diferente, más de redes, más de Facebook, así que hay otras formas de hacer política. Y uno, prima facie, no debe augurar éxitos o crisis, sino que tiene que hacer un diagnóstico de los cambios, que son importantes.
– Usted decía que Kirchner respetaba la territorialidad. Y ahora, la Presidenta impone el vicegobernador a Scioli, y arma la lista de candidatos en todos los distritos. ¿Por dónde pasa la democracia cuando decide una sola persona?
– Obviamente, acá hay un liderazgo que intenta organizar una fuerza política. Y los liderazgos tienen una gran dosis de verticalismo. Pasa que los liderazgos que vimos anteriormente, también tenían un elemento horizontal de discusión, que era el partido político. Ahora no está ese contrapeso. Entonces, los gobiernos de fuerte liderazgo, ya sea de Perón, o de Alfonsín, más bien que tenían incidencia del Presidente sobre las listas. Actualmente la cuestión es que no hay ningún tipo de institucionalización de esa discusión, como podía haberla en otros momentos, y por eso es más fuerte. Aparte de las tintas que se cargan de cómo es el mecanismo de dar la lista, si te la tacha Carlos Zanini (N.de la R.: secretario legal y técnico de la Presidencia), si no, porque hay todo un folklore ahí. Pero la fórmula del radicalismo en la provincia de Buenos Aires en el 83, por citar un ejemplo, surgió también en su momento de una discusión con Alfonsín. No me puedo imaginar que Alejandro Armendariz y Elva Roulet surgieron sin alguna venia de Alfonsín, y más en su propio distrito. Acá lo que choca es que nos habíamos acostumbrado mucho a esta política donde había una liga de gobernadores e intendentes. Con Cristina eso está llegando a su fin, y también es como una señal de normalización en la política, porque lo que teníamos eran territorios, o líderes mediáticos. Y en el medio, lo que faltaba, era la organización política. Que hoy no es tanto ese partido tradicional, sino que depende mucho del líder, quien a su vez depende de la opinión pública, y sus circunstancias, como le pasa a Cristina. Todo esto conjugado te da una nueva amalgama de cosas. Esta realidad no está funcionando bien con nuestros libros, y hay quien hace una crítica normativa, y dice “esto es malo”, o “esto no es democrático…”.
– Es lógico que la Presidenta quiera incidir sobre la composición del Congreso Nacional que trabajará con ella. Pero cuesta entender porqué las listas de concejales o legisladores provinciales se armaron desde Balcarce 50…
– Ahí hay un tema fuerte, que son las autonomías provinciales. Es cierto que cada uno de estos provincianos, también, son argentinos. Y lo que se da es este choque de soberanías y de representaciones que son típicas del federalismo. Ahora, también es cierto que en la Argentina no es neutral, para la política nacional, la política provincial. El Senado proviene de las provincias, y los diputados son elegidos con base distrital. No es como en los Estados Unidos, donde los diputados son elegidos con base local. Entonces, vos le cambiás un puente a Wichita para invadir Irak. Acá, los gobernadores y la provincia se te meten en la política nacional y discutís con ellos sobre limitaciones, pero también sobre apoyos. Creo que lo que está tratando de hacer el gobierno es viendo cuáles son los impedimentos para poder hacer su política, y cómo removerlos. Lo cual, obviamente, genera fricciones.
– ¿Qué cree que harán los desplazados de las listas, especialmente los peronistas?
– Como en toda renovación, están los rumores que dicen que esta gente se va a vengar, y tienen todos los instrumentos para hacerlo, y te digo que dependerá tanto de la dinámica de las cuestiones políticas como del éxito, de la eficiencia, pero también del paso del tiempo. Porque con el paso del tiempo se diluyen las animosidades y la política encuentra su curso, como el mercurio. Siempre, la mejor forma de asegurar una reforma, es que tenga éxito.
– ¿Le pueden servir a la Presidenta las internas abiertas del 14 de agosto?
– Yo voy a decir algo brutal, pero me parece que si hubiera sido Néstor y no Cristina, ya se hubieran encontrado los mecanismos para levantar la interna abierta. Que va a jugar, en realidad, como una fuente de información a los votantes no kirchneristas, para saber cómo votar estratégicamente. Es decir, elegir a alguien que tenga las mejores chances para ganarle a quien no quieran que gane. Si no hubiera primarias, dirían que habría que inventarlas. Pero como están, a muchos les parecen superfluas. Son las típicas contradicciones de las instituciones políticas.