Por Leandro Vesco – Fuente: El Periodista de Tres Arroyos

Atletas tresarroyenses participaron de una de las pruebas más duras de pedestrismo: “El Cruce de los Andes”. Cumplieron con el extraordinario desafío de recorrer 100 kilómetros que se inician en el Cerro Catedral, Bariloche, y finalizan detrás de la Cordillera, en Chile, con tramos donde la altura trepa hasta casi 2000 metros.

El Cruce de los Andes es de las carreras más difíciles de esta parte del continente, que se extiende a lo largo de tres días según expresaron los atletas participantes, “la prueba está repartida en tres etapas, con una determinada cantidad de kilómetros por día a recorrer. Cada uno de los competidores debe largar el tramo correspondiente y llegar a destino, porque si se abandona en el camino no es posible retomar la carrera en el trayecto siguiente”, expresaron los entrenadores Pablo Morcillo y Ramiro Saltapé, quienes tuvieron la difícil tarea de preparar a cuatro atletas de Tres Arroyos para esta competencia en donde aquellos que pasan durísimas pruebas pueden participar. “Nuestros alumnos decidieron participar, algunos de ellos en categoría individual, Mario Saltapé y Gustavo Doxagarat y otros en la categoría por parejas, Omar Noblía y Germán Campaña.

La competencia tiene tradicionalmente su inicio en el Cerro Catedral, en cercanías de Bariloche, y en la última de las etapas los atletas deben cruzar a Chile, luego de transitar (entre otros lugares) por el refugio Frei, que está ubicado a unos 1800 metros de altura. La dificultad principal que encuentran los participantes es el terreno, con grandes pendientes ascendentes y descendentes (con piedras o agua) y la gran variación de altimetría que existe. “Ascensos que suelen hacerse en 8 horas de caminata ellos lo tuvieron que salvar en la mitad del tiempo” dijo Ramiro Saltapé.

“Son muchos kilómetros, y el clima también juega su rol, por lo que no resulta nada sencillo. Cuando se llega al final de cada tramo, la organización los espera en un campamento ya establecido, les proporciona una carpa y los elementos de nutrición e hidratación necesarios para reponer energías”, agregó Morcillo. “Si hablamos de pedestrismo, es una de las dos o tres carreras más exigentes de América, e incluso concurren a participar atletas de distintas partes del mundo. En Europa, por ejemplo, la prueba se promociona muchísimo, y se la incluye dentro de un pack turístico”, comentó el entrenador.

“Estuvimos más de un año concientizándolos sobre este desafío, y hubo que concretar una serie de adaptaciones al entorno con el que se iban a encontrar: correr 100 kilómetros, dormir en una carpa, superar las dificultades del terreno y del clima y saber que si en determinado punto de la carrera sucedía un inconveniente, los rescates no iban a llegar de manera inmediata. Hay que estar preparado para manejar ese tipo de situaciones críticas”, comentaron.

Lo más complicado de todo el proceso de alistamiento implicó acomodar toda esa contingencia a un lugar de entrenamiento como el de Tres Arroyos, donde las condiciones geográficas o climáticas son absolutamente diferentes. “Por ello, nosotros sugerimos que concretaran parte de su preparación en Sierra de la Ventana o en Tandil, en zona montañosa, y también utilizamos la playa. Fuimos a entrenar a los médanos, para acostumbrarlos a una superficie inestable. También practicamos en caminos rurales, y si tenían barro, mucho mejor”, recordó Ramiro.

Lo cierto fue que el entrenamiento y los deseos de los atletas fueron mayores a todas las adversidades ya que cumplieron con las metas previstas y pudieron cruzar los Andes corriendo, un desafío que muy pocas personas en el mundo pueden lograr.