Luego de muchos años de intentos para cambiar las cosas, debo resignarme a reconocer que artista se nace y no se hace. Para aquellos que sostenemos que esfuerzo y tesón todo se puede, esto es una difícil “capite diminutio” que no queremos asimilar. Sin duda que Aldo nació artista y lo único que ha tenido que hacer es esforzarse en encontrar su lenguaje.
Aldo Sessa nació en Buenos Aires en 1939. A los 10 años comenzó su carrera artística en el Taller De Ridder. Luego se especializó en artes gráficas, diagramación, audio visualismo y fotografía.
Con sólo 13 años expuso sus obras por primera vez. Fue en la muestra grupal “35 Niños Pintores”, en la prestigiosa Galería Müller, de la calle Florida de Buenos Aires. Y unos años después comenzó sus colaboraciones fotográficas en el diario La Nación.
En 1962 estudió cinematografía en Hollywood, con Sidney Paul Solow, presidente de Consolidated Film Industries. Diez años después firmó su primer contrato como artista con la Galería Bonino y exponía en sus sedes de Buenos Aires, Río de Janeiro y Nueva York. Es un hombre que siempre compone, que no deja nada librado al azar, aunque quiera tratar de convencernos que fue la “casualidad” la responsable de su última genialidad. Sin duda que ya tiene su lugar triunfal en la Historia de la Fotografía Argentina y en el mundo editorial con sus maravillosos libros.
Pero yo quiero rescatar al pintor que nos “robó” el arte de la fotografía. Durante una década sus esfuerzos estuvieron en la pintura, con exposiciones en la galería Bonino, tanto en Buenos Aires como en Rio de Janeiro y Nueva York, y también con alguna muestra en Londres. En ellas presentó, en la década del setenta, sus obras con sus formas ovoides o mejor dicho de sus “huevos”. Otra serie de obras se refería a los asteroides y pinturas del espacio.
Su capacidad plástica es fundamental para ejecutar sus retratos fotográficos, como aquellos que presentó en el Palais de Glace en 1994. Ese mismo año inauguró una exposición titulada “Cien Instantáneas de Israel”, en el Centro Cultural Recoleta.
A través de la fotografía abordó no sólo los retratos, sino también el paisaje y la temática del Tango. Recorrió nuestro país realizando una maravillosa obra que refleja nuestra geografía, la arquitectura y la gente, que publicó en su libro “Argentina desde el aire, el agua y la tierra”. Es también un apasionado de la historia de la fotografía, y formó una colección de cámaras antiguas y fotografías del siglo XIX, tomadas por fotógrafos argentinos y extranjeros, relativas a nuestro país. Fue nombrado Miembro de Honor por la Federación Argentina de Fotografía y Académico de Número de la Academia Nacional de Bellas Artes. No pierdo las esperanzas que retome los pinceles o el aerógrafo y nos muestre ese Cosmos que engendró en sus sueños.
Más de 50 libros, lo convierten en el más importante fotógrafo del Arte de los Argentinos. Tuve el honor de organizar su exposición titulada “Los Argentinos” en el Palais de Glace, con 300 retratos de personajes contemporáneos argentinos y 209 mil personas admiraron su genialidad.