En el cruce político por la cuestión de la renta del agro, las posiciones son bien diferentes según a qué fuente se consulte. De un lado se dice que “la levantaban en pala” y ahora están enojados porque tiene que usar la cuchara sopera para juntar el dinero. Del otro dicen que apenas salvan los gastos de cada campaña, entre gastos que se pierden entre los insumos a valor dólar y las retenciones. En el medio de ese cruce, se conoció un informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que dice que el campo incrementó 223 por ciento en dólares sus ganancias en los últimos 12 años.

En ese estudio -hecho con información de índices oficiales más datos de la revista Márgenes Agropecuarios- se establece la ocurrencia de varios aumentos: aumentaron los costos, pero también los precios internacionales. Aumentaron los arrendamientos de los campos, la superficie sembrada, los rendimientos por hectárea. En este contexto es que Nicolás Zeolla, economista FCE-UBA, elaboró el informe titulado “Costos y rentabilidad del sector agropecuario en la Argentina actual”.

Allí hay algunas afirmaciones: si un productor de Salta o del sudeste bonaerense tiene 500 hectáreas sembradas, tiene un costo directo por hectárea de 280 dólares por campaña, pero un beneficio que trepa a 1,2 millones de pesos si es propietario de la tierra. Si arrenda, en cambio, se gasta la mitad en el alquiler.

Se sabe que el cultivo más representativo de la estructura productiva agropecuaria nacional en la pampa húmeda es la soja, que disparó su superficie de 5,7 millones de toneladas a 20 en la campaña 2012/13. “Porque impone los costos mínimos de arrendamiento al resto del sector. Si analizamos un establecimiento agropecuario promedio nacional (EAP) para un productor mediano, poseedor de 500 hectáreas y que tiene un rendimiento 26,7 qq/ha, los resultados preliminares para la producción de soja respecto la campaña 2012/13 -que acaba de finalizar- tanto como los proyectados para la próxima, son sumamente auspiciosos”, dice el informe.

En ese mismo informe se expresa que la soja representa el 38,4 por ciento de los cultivares nacionales. El maíz se lleva el 18,6 por ciento de la importancia y el trigo tiene el 12,4 por ciento. En cuatro provincias (Córdoba, Santa Fé, Buenos Aires y Entre Ríos) se concentra el 86 por ciento de la soja nacional. 

“Un productor promedio facturó netos de gastos de comercialización, fletes y pagos de retenciones, más de 2 millones de pesos. Al descontarle los gastos directos, de comercialización, de mantenimiento de estructura y cosecha, obtuvo un beneficio (siendo propietario) cerca de 1,2 millones de pesos”, explican.

¿Cuánto vale la tierra?

Del mismo informe surge una conclusión: los dueños de la tierra obtendrían teóricamente una participación de más del 70% del total de la producción en tanto que para el arrendatario se llevaría por la organización de la producción el 30% restante. Así, alquilar cuesta 215 por ciento más que hace 12 años. En 2001 el costo era de 3592 dólares la hectárea y en 2013 cuesta 16500. Esos valores están tomados como referencia en la denominada zona núcleo. 

“Desde la salida de la convertibilidad, la rentabilidad de los productores-propietarios se ha incrementado en un 223% en dólares. Por su parte, los arrendatarios –no propietarios- incrementaron sus beneficios en un 690%, algo disminuida en las últimas campañas por el aumento de los costos y los altos valores de los arrendamientos. Estos incrementos son el resultado de los mejores precios internacionales de los cultivos, la expansión de la frontera agrícola y la valorización de las tierras. Por ello, es un error tratar a todo el sector como un actor homogéneo y colegiado, depositario de las necesidades reclamadas por los integrantes de la mesa de enlace”, concluye el trabajo, que avizora un futuro mejor para las producciones por los mejores precios internacionales, la mejora en los rindes esperados y el sostenimiento de un tipo de cambio competitivo.