Fotos Jazmín Arellano

Como todas las tardes, un chorro de luz se cuela por la ventana diminuta, le alumbra los contornos y su figura grande se recorta en el taller donde se oye una radio mezclada con el ruido de una pulidora de trapo que va dejando de lado los vestigios de la madera agarrada al filo de un cuchillo nacido de las manos de Rubén “Turco” Ganím. Como si ese halo solar, multicromático por el color de los vidrios de la ventana, lo llevase a otro tiempo distinto del que marcan los relojes, el artesano parece sumergido en una temporalidad propia, nacida de esa magia que emana de su pasión por hacer cuchillos en su taller de Monte Maíz, una localidad de la Córdoba llana y sojera, ubicada a 250 kilómetros de la capital provincial.

Los caminos de la vida

Una frase alcanzará para definir al artesano cuchillero que ceba mates mientras encaba un filoso acero damasco. “Yo no vivo de los cuchillos. Yo vivo para los cuchillos”, dice como si el peso de un mandato celestial hubiera caído sobre sus manos de dedos finos y el sólo se dispusiera a traducir los signos que recibe de su don. “Como las caricias que a mis hijos yo regalo, son mis manos nidos del objeto deseado”, escribió Ana Rosa Veilati, amiga del Turco, en el espacio donde Rubén crea. En esa pared, el hombre pegó otras frases que lo pintan. “Si la vida no te sonríe, hacele cosquillas”, alienta.

Es que el camino de Ganím tuvo altos y bajos. Y el hombre, como el acero, debió prepararse para los cambios. Lleva 16 de los 53 años que tiene trabajando de artesano. ¿Trabaja de artesano o es artesano? “Decidirme a vivir de esto fue toda una decisión, por el tema de que uno tiene una familia. Las épocas duras, fueron, sin embargo, los mejores años”, dice del tiempo en que su tienda de ropas cayó bajo el martillo de las crisis de los años 90. “Creo que me hicieron una gauchada haciéndome quebrar el negocio. Fue bárbaro dejar la ropa y empezar a trabajar de artesano, aunque no sabía a quién venderle un cuchillo. Vivir de esto es muy lindo”.

El hombre también se forjó en el fuego de las ferias: en el ferial de Córdoba, en Buenos Aires. Se pasa el año armando un stock para llevar a España y eso le resta tiempo para girar por acá. Ganím hace el ciclo completo: desde la forja y el trabajo en la hoja, hasta el encabado final. Para forjar el acero damasco y el carbono, la temperatura debe elevarse hasta los 870 grados, mientras que el acero inoxidable necesita de 1050 grados para estar listo para ser forjado. El Turco prende el horno una vez por mes. Y se encarga de conseguir las maderas de El Impenetrable Chaqueño: guayacán, quebracho, palo santo. La premisa es que deben ser duras para soportar la pulidora. 

Cada cuchillo, una huella

Con abuelos libaneses, cocinero casi por naturaleza, Ganím tiene el espíritu árabe de las puertas abiertas. Además de contar los pormenores de la cuchillería, aporta a la pasada dos recetas de las comidas con que más hace: la empanada y el keepe al horno.

Su abuelo, carnicero, llegó a Laborde, a poco más de 20 kilómetros de Monte Maíz, hace casi una centuria. Sin saber cuándo, le transmitió a Rubén su espíritu indómito, ese que le hace decir hoy que no quiere trabajar en un sitio cumpliendo horarios fijos ni pegado a los abatares externos de las ruletas finacieras internacionales o sujeto a los antojos de los ministros de Economía. De esa pasión en estado natural, sin imposiciones, nacen las creaciones. “Nunca un cuchillo es igual a otro. Cada uno es como una huella digital: cambia el perlado, las formas, el cabo”. A algunos les hace dibujos en la misma hoja. Las caras de María Eva Duarte y Juan Domingo Perón relucen en la hoja brillante y filosa, con un bajo relieve hecho en ácido. “Para no repetirse es preciso hacer aquello que no sale tan fácil. A mí me gusta jugar con los diseños, pero nunca en mi vida pensé que iba diseñar”, dice. Jugar. Esa palabra dicha con placer desnuda otra parte de su personalidad.

El hombre parece más un experimentador que un técnico. Alguien que con el cuchillo hace lo mismo que con la vida: prueba, ensaya una técnica, se vale del color de una madera, de la fuerza de otra, de tal o cual tipo de acero y luego deja que el propio peso de la creación sea el que elija el camino final. “Si te gusta y tenés ganas lo podés hacer. Yo no sabía ni agarrar un destornillador”. Ahí le corre el telón a su mayor secreto: aprender todos los días.

El Turco tiene los ojos sagaces y curiosos y los posa con el mismo asombro de alguien que recién empieza, como ocurre con su hijo. “Mi hijo aprendió a hacer cuchillos sin darse cuenta. Quiero que esta pasión le prenda tan fuerte como a mí. Creo que le va a pasar eso cuando haga ese clic que todos hacemos”. Habla de Amael Alejandro, de 22 años, con quien ya hizo varios cuchillos y piezas colectivas y con quien viajó a España para vender sus trabajos. “Desde 2004 viajo a España a vender mis cuchillos. Allá hay exigencias diferentes. Vendí cuchillos gemelos idénticos hechos en acero damasco“.

El Turco, orgulloso de la creación, se levanta a buscar la foto de esas piezas. Los cuchillos, juntos, forman un ciervo y el dibujo de las dos hojas le dan vida a la pisada del ciervo. “Hay un respeto muy grande por el que trabaja con las manos. Pero en España pelean el precio más que acá. Se ve que los 800 años de invasión de los moros les dejó la miserabilidad. Allá te discuten el precio, pero te dicen que tu trabajo es bárbaro. En nuestro país te bajan el precio y te dicen que lo tuyo no es tan bueno y eso es una falta de respeto. Pero todo depende del respeto que uno impone con el paño y sus obras”.

En 2008 viajó a España con su hijo y volvió casi con los mismos cuchillos que había despachado en el aeropuerto. Otra crisis, la internacional, empezaba a golpear duro en Europa y a Rubén le llegaron los golpes de costado.

El sol se fue a descansar y el Turco ceba los últimos mates -castigados por el agua caliente- a las visitan que regresan con una frase final que el artesano deja en el aire como si estuviera decorando un mango o haciendo nacer el filo de una hoja. “Lo que uno hace tiene que ver con la clase de persona que es”.

Más información:
Ganím, cuchillos artesanales
Catamarca 1638, Monte Maíz, Córdoba.
Correo: rubenganim@hotmail.com