Fotos: Andrés Requena

Producción: Leandro Vesco. Presidente Asociación Civil Proyecto Pulpería

El joven que hacía dedo en un cruce ahora avanza en el vehículo de El Federal. Cuenta que se llama Julio Galván, que trabaja en un campo cerca de Suárez y que pertenece al Centro Criollo El Pegual, de Carhué. A Galván le gustan los caballos y cada tanto sube a las sierras a “crotear” unos días con amigos.

 

También cuenta que toca alguna zamba en la guitarra y que su sueño es ir al festival de doma y folclore de Jesús María. De Cura Malal, Galván conoce a Mingo Silvera, uno de los jinetes famosos de la región. A la derecha se ven las Sierras de Carhué y el paisaje es quebrado. Galván se despide en el acceso a Cura Malal, en otro de los lugares mágicos de la provincia de Buenos Aires.

 

Cura Malal duerme la siesta.

 

Cura Malal es un desierto a la hora de la siesta. Es la cuarta parada de la gira “Los Caminos de la recuperación”. Dando unas vueltas, se comprueba que la fama de ser un pueblo de jinetes debe ser bien ganada. Es un pueblo bien paisano: las construcciones son viejas, hay una capilla, la clásica estación de tren. También hay árboles, espacio y tranquilidad.

 

Poco más tarde se toma unos mates con Mercedes Resch y Fernando García Delgado. Ellos son el contacto local proporcionado por Leandro Vesco (productor de la gira). Esta pareja de artistas refaccionó una casa y decidió vivir gran parte del tiempo en el pueblo donde Mercedes nació y se crió. La otra parte del tiempo, viajan a la ciudad de Buenos Aires. La casa y la vista son perfectas.

 

Una gran familia de jinetes.

 

Mercedes se sorprende cuando se le pregunta por Mingo Silvera. Cree que este cronista hizo tareas de investigación previas a salir de gira. Como sea, la familia de Mercedes es una de las más grandes del pueblo y Mingo Silvera es uno de sus tíos. Cura Malal es conocida en la zona por sus domadores y jinetes, como los Torres, los Lezica y los Silvera.

 

Zacarías, otro de sus tíos, fue doble de Alfredo Alcón cuando hizo el Martín Fierro. Zacarías anduvo unos días a caballo con Jorge Cafrune y hasta guarda una foto de aquel viaje. Mercedes cuenta que su abuelo Juan Silvera, un portugués con sangre aborígen, se casó con María Dupont, hija de estanciero y tuvieron 10 hijos. Su madre Raimunda, fue la segunda y también tuvo 10 hijos. De acuerdo al último censo, Cura Malal tiene 94 habitantes. Y pareciera que la mayoría deben ser parientes, o al menos primos.

 

La vuelta al pago.

 

En la casa de la pareja de artistas funciona “Corral de Piedra”: un proyecto artístico-cultural, abierto y participativo, para desarrollar actividades en este ámbito rural. La idea es que los visitantes puedan convivir con los tiempos y el paisaje para estimular la sensibilidad creadora. Por su casa ya pasaron fotógrafos, artistas plásticos, bailarinas. En las paredes cuelgan un montón de obras de paisajes. Fernando participa de un proyecto de arte-correo con artistas de todo el mundo y acá se exhiben las obras que recibe.

Un lugar mágico.

 

Ahora se camina en medio de un bosque. Hay un puente sobre un arroyo, mesas para hacer asados y el sol empieza a caer atrás de las sierras. Si se presta atención, en las sierras se puede ver la figura de un indio acostado. El cerro Cura Malal en medio de la cadena de sierras es uno de los paisajes encantadores de la provincia de Buenos Aires. En la plaza del pueblo, los artistas junto a los chicos del pueblo, montaron un mural llamado “Vuelta al pago”: toda una declaración de principios.

 

El tren sigue pasando 3 veces por semana porque une Constitución con Bahía Blanca. Sale del andén 14 y tarda en llegar unas 11 o 12 horas. Si se viaja hacia el sur, no hay que dormirse y avisarle al guarda para que frene la formación en Cura Malal. Si se viaja a Buenos Aires, hay que hacerle señas con una linterna para que pare.

Mingo Silvera juega a las cartas en el boliche de Juana. Mingo no se sorprende cuando se le dice que su fama trasciende fronteras y sigue jugando un buen rato. Al final comenta: “Me conocen en todos lados. Yo subí y monté al famoso “El Zorro”. Y poco después, sonríe y cuenta medio triste que dejó el caballo hace 4 años por problemas de salud.

 

La loma no se toca.


“Nací en Cura Malal y desde muy chica tenía un lugar predilecto al que visitaba todas las tardes que podía. Llevaba un libro y me quedaba algunas horas hasta entrada la noche. Ese lugar, es lo que en Cura Malal, llamamos “La Loma”. Una elevación que permite una panorámica del pueblo, ver el paso del tren que se pierde en el arroyo, el sol al atardecer ocultándose en el horizonte. Dos hectáreas de ese espacio que se encuentra dentro de la traza urbana han sido transformadas por el municipio de Coronel Suárez, desde hace algunos años en una cantera.

 

Por tal motivo han socavado el terreno dejando una gran cava profunda. En la actualidad no paran de llenar camiones de tosca blanca caliza, propias del lugar, que le dan nombre al pueblo: Cura Malal=Corral de piedra.
Camiones que entran y salen continuamente del pueblo hacia Coronel Suárez por el camino de tierra, nos vacían dos hectáres de suelo propio, dejándonos únicamente un profundo hoyo, que me faltan las palabras para describir la experiencia desgarradora de visitar ese lugar y tan peligroso para los pocos, pero vivos, latentes, necesarios e importantes habitantes de este, nuestro Cura Malal.

 

Con una mirada muy triste viendo todos los días pasar los camiones cargados de toscas y sintiendo que este lugar está a la buena de Dios.
Perdiendo parte de nuestro patrimonio como es de público conocimiento, también el robo perpetrado en la estación de ferrocarril con lo irreparable de los elementos faltantes.

 

Me pregunto ¿Quién tiene tanta desconsideración por este pueblo? ¿A dónde van nuestras toscas? ¿Qué caminos tan importantes hay que rellenar para que nosotros nos quedemos con tan tremendo paisaje? ¿Quién responde por todo esto?”

 

Mercedes Resch, Cura Malal, 5 de Septiembre de 2013.

 

 

Más info: www.corraldepiedra.com.ar