Fuente: Los Andes

Germán Alfredo Gallardo Forquera tiene 41 años y es un puestero malargüino, apodado “El punta” que reside en La Payunia y, desde allí, emprendió una destacada carrera deportiva. Desde el 2010, ha conquistado varios podios y distinciones en las ultramaratones de las que participó.

Este hombre malargüino, oriundo de la Payunia, fue uno de los que junto al sanrafaelino Martín Sabio, un atleta de élite de Córdoba y un profesional de la especialidad del Brasil, compartieron podio en la competencia de aventura “Conquista tu cumbre” que se disputó el pasado fin de semana en Los Gigantes, Córdoba, con 102 kilómetros de trekking.

Pero, el desempeño del “Punta” -como le puso por su tío Eleuterio Forquera- tiene un significado especial no sólo desde lo deportivo, sino también desde lo social, ya que es sinónimo de humildad, fuerza y sacrificio. 

Germán Gallardo -sin saber leer ni escribir y con todas las desventajas que puede creerse tiene un competidor que vive en un terreno rodeado de conos volcánicos y mantos de lava- sorprendió a propios y extraños con su participación en esta carrera de aventura de tipo “expedición y autosuficiencia” con recorrido sin marcar y sin asistencia, en el que superó a corredores equipados con GPS o brújulas y vestidos con la última tecnología en indumentaria deportiva.

“Para mí fue una cosa linda, maravillosa, simple, fue todo muy tranquilo y no la vi difícil. Para mí caminar el campo, recorrer la montaña, con lluvia, viento, frío, es cosa de todos los días, es parte de mi vida”, explicó a Los Andes con mucha humildad Germán, quien ya en marzo de este año se destacó por ser uno de los primeros en recorrer más de 120 kilómetros en la prueba disputada en la Payunia.

“La estrategia de la carrera fue hacerla en equipo con el chico de San Rafael, porque ahí te dan un mapa y arréglatelas, el recorrido no lo sabés, y yo como no entiendo nada de GPS y brújulas, jamás los había visto, decidimos correr juntos. El físico no es mi problema, si yo varias veces me vine caminando día y noche del puesto hasta la ciudad o en bicicleta, que son como 150 kilómetros”, afirmó el joven puestero que junto a su madre, Lucía Forquera de 77 años, se dedica a la cría de chivas y ovejas en el puesto “El Arbolito”, en el faldeo norte del volcán Payún Matrú, a 2.300 metros sobre el nivel del mar.

El caso de Germán Gallardo es de los pocos que se conocen, porque este malargüino se crió en el deslumbrante desierto volcánico de la Payunia cuidando las chivas que forman su patrimonio y recorriendo largas distancias, día y noche para buscar agua o mejores pastos para sus animales.

“Yo vivo en la Payunia, mi vida es trasladar a los animales de un lugar a otro, llevarlos caminando para buscar mejores pasturas y agua, todo el tiempo lo hago así, digamos, caminando, porque es muy duro para el caballo que tengo y prefiero cuidarlo. Tengo puesto en el Payún Matrú, digamos que en la parte del faldeo que le dicen”. 

“Durante todos estos años me dediqué al cuidado de los animales, pero por la sequía, la falta de pasto y agua, la situación es muy difícil y ya nos quedan solamente unas 20 chivas y un par de ovejas, por eso decidí buscar otro trabajo”, comentó el hombre oriundo de la Patagonia mendocina, a la que todos conocen como Payunia o Payenia, y que es el centro de atracción de la comunidad científica dedicada a la vulcanología y geología. 

Pero sin dudas que el próximo desafío de Germán Gallardo (que vivió en el anonimato hasta marzo pasado cuando por insistencia de su amigo Jorge Fernández, un guardaparque de Malargüe, participó de la prueba “Conquista tu cumbre”, en la Payunia) no es solamente ganar una nueva competencia deportiva (como la del volcán Copahue, próximamente en Neuquén), sino en poder terminar la escuela primaria, que le permita saber leer y escribir y de esta manera tener más posibilidades de inserción social.

“Nosotros somos cuatro hermanos, tres varones y una mujer y yo soy el menor de los varones, pero soy el único que siguió en el puesto. No sé leer ni escribir porque solamente pude ir un par de meses a primer grado en la escuela República de Chile de la ciudad. Mi mamá me llevaba y me dejaba allá unos meses para que fuera a la escuela, pero después me trajeron de nuevo al puesto para ayudar en el campo”, indicó quien hasta hace poco, increíblemente, estuvo trabajando en la construcción en Tupungato y hoy busca una nueva oportunidad laboral, pero que sea en su departamento y que le permita poder seguir estudiando.

“Aunque hoy el campo me da poco, no pienso dejarlo y seguiré ayudando a mi madre que está sola en el puesto, pero hay que buscar otra manera de vivir y por eso ahora me vine al pueblo. Me gustaría que me ayudaran para seguir representando a mi pueblo en esto que me gusta, pero también me gustaría poder ir a la escuela para saber leer algo y escribir algunas palabras”, recalcó muy ilusionado este joven que desde los 9 años camina varios kilómetros por la montaña, desafiando a las intensas nevadas, rudos inviernos y calurosos veranos, para buscar y llevar agua en “buncas” (recipiente de goma formado por cámaras de neumáticos).

Emocionado y satisfecho por su logro (cumplir más de 100 km y pasar los 17 controles en 25 horas para convertirse en el vencedor de la categoría Individual Caballeros), este muchacho que nació hace 36 años en el mismo lugar donde innumerable cantidad de bombas y lapillis volcánicos dejan atónitos a más de uno, confesó: 

“Durante la carrera, mientras los corredores profesionales tomaban agua en botella o alguna bebida que les daba energía, yo me tiraba de panza a los pocitos para tomar agua, de esos donde toman los animales, algo que hago todos los días en la Payunia. Yo no soy profesional, pero fue un orgullo correr con ellos y representar a mi pueblo”.

 

German, parado, junto a su madre y al guardaparques, un amigo que lo acompaña siempre. Abajo un video donde podrás ver dónde vive y cómo corre.