Por Leandro Vesco

Victor Castro, uno de los mejores futbolistas de Neuquén, decidió cambiar su vida y dejar la pelota para trabajar en un pozo petrolero. El efecto Vaca Muerta comienza a generar esperanzas y para algunos se ha transformado en una puerta que puede dar nuevas oportunidades para lograr una mejor calidad de vida.

Pero lejos de lo que todos imaginan, la intromisión del petróleo en la vida comunal no tiene que ver con acercar fondos a los clubes o aportar para el crecimiento de la actividad tal como sucede en otros países donde el oro negro florece de la tierra. Aquí, las propuestas laborales de las petroleras amenazan con llevarse a los pozos a varios de los más destacados hombres de todos los deportes.

“Estoy viviendo en Plaza Huincul porque hace casi dos meses comencé a trabajar en una empresa de perforación a la que siempre tuve ganas de entrar pero como estaba jugando al fútbol nunca lo podía concretar”, cuenta el ex goleador y flamante empleado de “Quintana Wellpro”, una importante firma de servicios del sector.

El zapalino brilló con cada camiseta que defendió, ya sea en Lifune, Federal A, B y C. Y su nombre siempre apareció en las listas de posibles refuerzos de los clubes más importantes de la región. En el 2014 experimentó una temporada extraña en la que comenzó jugando para Alianza en el certamen doméstico, y en el Federal A logró ganarse a base de buenas actuaciones un lugar en el equipo titular de Gerardo Solana. Hasta contó con una chance de ir a probar suerte a Newell’s Old Boys de Rosario.

Pero la vida le tenía preparada una sorpresa, el desierto lo invitaba. “Cuando me lesioné de la rodilla y no pude ir Rosario evalué que el fútbol no podía darme ciertas cosas para vivir mejor. Entonces fue ahí cuando hablé para tener la chance de entrar a trabajar a este lugar”, afirma el operario que está por cumplir dos meses trabajando en “boca de pozo”. Lejos de los vestuarios sus días los pasa entre cañerías y pozos en busca del oro negro.

“Me costó tomar la decisión porque siempre quise dedicarme de lleno al fútbol. Igual no puedo quejarme porque jugando a la pelota pude mantener a mis hijos. Pero lo que me va a dar el petróleo no se compara con lo que me daba el fútbol. Es cierto que es un trabajo sacrificado y con mucho riesgo, pero hay que tener cuidado y hacer las cosas bien”, afirma el hombre que pasó más de dos meses sin patear un balón y que prefirió regalar todos sus elementos futbolísticos por miedo a sentir ganas de volver. En su casa no quedó nada que tenga que ver con el futbol.

La última gran prueba que Castro superó para saber que ya es todo un trabajador del petróleo fue decirle que “no” a Cipolletti. Víctor recibió un par de llamados desde el club Albinegro para formar parte del plantel que conduce Ricardo Pancaldo. “Siempre quise jugar en Cipolletti. Ellos me llamaron un par de veces pero justo había empezado a laburar en la petrolera y el ofrecimiento que ellos me hicieron no me convenía. Creo que si me llamaban una semana antes les decía que sí”.

La vida en el desierto, el viento caluroso y seco, las semanas enteras que hay que estar en una casilla esperando hallar un pozo y dar con el ansiado oro negro, esos escenarios de soledad y sacrificio comienzan a generar cambios en la vida de los patagónicos, tierra dura a la que hay que domesticar a fuerza de constancia y trabajo.