Un grupo de aproximadamente 50 policías, acompañado de una oficial de justicia, se presentaron de forma completamente irregular en el campo del pequeño productor Héctor Velazquez. Sin mostrar orden de desalojo ni orden de desalojo previa, ingresaron al terreno con una topadora, con la que voltearon la vivienda.

El desalojo se produjo de forma tan violenta, que el productor fue agredido y arrastrado por los policías unos 50 metros desde adentro del terreno hasta la puerta de ingreso del campo, desconsiderando que tiene un 75% de discapacidad física.

Además, la hija de Velázquez, quien también tiene una discapacidad, fue abandonada por los policías al lado de la vivienda mientras se producía el derribamiento de la misma y agredían a su padre.

Al maltrato policial, se vio agravado con sus móviles, que no tenían patentes. Tampoco realizaron inventario de ningún tipo de los animales y otros bienes de la propiedad del productor.

A una semana del hecho, la familia se encuentra durmiendo en la calle, con efectivos policiales al interior del terreno, sin dejar ingresar a Velázquez a la parcela. Así, el productor no puede acceder a la electricidad ni al agua, ya sea para beber o para darle de tomar a sus animales. Esto se ve agravado por el impedimento que sufre la familia de conservar su actividad productiva, la cual resulta su único medio de subsistencia.