Un equipo de investigadores, becarios y docentes del Media.Lab, del Instituto PLADEMA de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, coordinados por Cristian García Bauza, becario pos-doctoral del CONICET, trabajó durante ocho meses en el diseño, programación y construcción de la primer CAVE (Computer Assisted Virtual Environment) argentina, a la que bautizaron Rubika en referencia a las numerosas posibilidades del cubo Rubik.

Una CAVE es una instalación que combina software y hardware que permite al usuario sentirse totalmente inmerso en un mundo que parece real pero que es generado de manera virtual. Es un entorno del tamaño de una habitación, donde las paredes, el piso y el techo son pantallas sobre las que se proyecta la visual de un ambiente virtual generado 100 por ciento por computadoras. Se utiliza fundamentalmente para mejorar la formación de profesionales en áreas prioritarias. En una primera instancia será para la perforación de pozos petroleros, y con posibilidades de extenderse a áreas de la defensa, medicina, odontología, entre otras.

La CAVE fue desarrollada en su totalidad en la ciudad de Tandil, en Media.Lab, una de las áreas de investigación perteneciente al Instituto PLADEMA, el cual es un espacio multidisciplinario centrado en la investigación y desarrollo de aplicaciones de computación gráfica, realidad virtual e interacción humano-computadora. Específicamente, se centra en investigar e implementar técnicas innovadoras para el diseño de simuladores de entrenamiento, sistemas que permite capacitar a operarios en el uso de máquinas y vehículos a través de una serie de ejercicios, haciendo sentir a los alumnos que se mueven en un mundo real.

El proyecto RUBIKA tuvo sus inicios en el año 2014. En ese año se desarrolló el primer prototipo y en 2015 prevé ampliarse hasta lograr instalar nueve CAVEs en diferentes universidades del país. El proyecto es realizado bajo la dirección de Cristian García Bauza, con coordinación técnica de Marcos Lazo, becario pos-doctoral del CONICET, y Juan Pablo D’Amato, investigador asistente, todos ellos integrantes de la comunidad científica que pertenecen al Centro Científico Tecnológico CONICET Tandil. La importancia de este desarrollo radica sobre todo en la producción del conocimiento necesario para desarrollarlo, lo cual posiciona a Argentina en el mundo como uno de los países con capacidad para manejar tecnología compleja.

Cristian García Bauza, destacó que “cuando a los científicos se los apoya y se los acompaña está claro que se puede lograr. Esta CAVE ahora está accesible a todas las Universidades del país. Son escenarios virtuales para capacitación, empezamos con perforación de pozos de petróleo, y seguiremos con defensa, medicina, odontología, y otras aplicaciones”.